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El todoísmo de Fátima Vélez y Power Paola 

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La editorial Lectores Secretos publicó “Del porno y las babosas” de Fátima Vélez. El libro de poesía de gran acogida entre conocedores no había visto la luz en Colombia. Entrevista a la también narradora manizalita residente en New York, y a la artista Power Paola que ilustró esta pieza de colección.


Poesía que es materialidad, cuerpos en apariencia repugnantes, en cópula, que son poesía de la mejor. Cucarachas en éxtasis, que son Dios en una sucia esquina, y que son trituradas y tomadas en batido por japoneses que no creen en los clichés del sexo. Babosas que representan el mundo, que son nosotros, lo que nos gusta y nos asquea; el mundo son ellas y su sexo poderoso, así tratemos de ocultarlo y busquemos la trascendencia del alma. Pero el alma es el cuerpo, la elevación del alma está en los placeres del cuerpo, y ya sabemos dónde está Dios, en qué orificios se puede encontrar. Fátima Vélez nos recuerda que la poesía no es sólo abstracciones, “intelecto”, desprecio por lo mundano; asunto de hombres blancos reflexionando sobre las flores, la ética, las mujeres de sus sueños, ideales y utopías. La poesía también está en las formas de vida que consideramos inferiores, está en lugares insospechados; y está en la voz de las mujeres de la “periferia”, de los que han sido marginados, de las sexualidades distintas, de los que en apariencia no están capacitados para hacerla. También de los otros mamíferos, de las babosas, de las piedras. Con su elogiada técnica, su capacidad artesanal, Vélez les hace aquí un homenaje a los bichos —y nosotros también lo somos—, nos dice que la sexualidad es muy amplia y diversa; que el deseo es libre, rebelde y hay que dejarlo volar. Que podemos desear a través de otros, ser otros a través de las palabras. 

Del porno y las babosas nació en un taller literario de amigues en 2013. El poema que da nombre al libro fue el resultado de un ejercicio que allí se pusieron, escribir un poema erótico. El editor brasilero Antonio Sobral conoció a Fátima Vélez en una residencia artística en el eje cafetero, le propuso a ella y a la artista Power Paola hacer un libro; Vélez le mostró el poema escrito y acordaron hacer más sobre este erotismo no convencional. La obra fue publicada en Brasil en 2016 por Deep ediciones, los poemas están ilustrados por la historietista colombo-ecuatoriana: imágenes llamativas y provocadoras que complementan bien los originales textos. La editorial independiente Lectores Secretos se animó a publicar la obra en Colombia este 2022; su trabajo es cuidadoso, la portada de honguitos antoja, el artefacto hecho es una pieza de colección. Esta editorial, que ganó una beca de Idartes, ya cuenta con un buen catálogo sobre todo de poesía colombiana; apoyan a autores jóvenes, su apuesta es ambiciosa, están motivados a continuar con su noble tarea. Hay que estar pendientes de su labor y de los nuevos versos que se abren paso con las uñas en el mercado.

El libro habla del sexo sublime entre animales “inferiores”, también del deseo humano por hermanos cuadrúpedos. Esto último está en dos de los mejores poemas: “Bodil Joensen”, sobre una actriz porno con gustos sexuales particulares, mujer libérrima; y “Alimentar a los caballos”, sobre alguien que desea a este animal, pero que también quiere ser él. Podría ser una esposa tradicional escapando de la represión, buscando salir de la cárcel de su cuerpo. Pero estos poemas no son de escritura salvaje, son sesudos, tienen reflexiones agudas, imágenes muy logradas que nos conmueven; son una buena mezcla entre lo vil en apariencia y el bagaje académico. A continuación, la entrevista con la autora y con su gemela perversa de ocasión, la versátil Power Paola


Fátima Vélez, escritora (Foto: Archivo particular)
Fátima Vélez, escritora (Foto: Archivo particular)

Fátima Vélez:

– ¿Qué te inspiró a escribir Del porno y las babosas?, ¿qué ideas rondaban por tu cabeza previas al libro?

Del Porno y las babosas surgió de un ejercicio de un taller de escritura.

 La consigna era escribir un poema erótico y a mí se me ocurrió ver videos de animales reproduciéndose. Encontré uno de unas babosas que me maravilló y escribí el poema que le da título al libro. El ejercicio me gustó tanto que cuando un amigo editor me propuso a mí y a la artista Powerpaola hacer un libro, les mostré el poema que había hecho sobre las babosas y les propuse continuar con el ejercicio ampliando la gama animal. Elegimos animales que nos maravillaban y también algunas escenas personales que nos parecía dialogaban con una búsqueda por la otredad, por cómo se siente vivir en un cuerpo que no es el propio. Este es el eje que atraviesa el proyecto. El deseo de convertirse en otro, de poder sentir desde otras perspectivas y desde otras pieles, desde diferentes temperaturas. ¿Puede la sexualidad ser un mecanismo para esto? ¿Puede la poesía? En este proyecto usamos el lenguaje de la poesía y del dibujo para plasmar la atracción y la maravilla que genera la cópula no-humana y humana. También nos interesó entrar en las ficciones que constituyen los tabúes alrededor de la sexualidad.

– ¿Tu idea era “ensuciar” un poco la poesía, vista como una actividad espiritual, idealista, con lo aparentemente mundano y sucio de la sexualidad animal (y más de despreciadas como las babosas)?

No, mi idea no era “ensuciar” el lenguaje, para nada; si pensara en ensuciar querría decir que creo en que algo está limpio. Lo que me parece es que el lenguaje de la poesía tiene una potencia enorme que una cierta tradición estética nos ha bloqueado explorar. En esa tradición de la que hablo hay una idea ornamental, adjetivada, en la que hacer poesía es decir las cosas en un lenguaje “limpio”. Esta tradición, muy apegada a la corrección del lenguaje, a una forma de entender la gramática muy conservadora, también ha definido quién puede hablar y de qué se puede hablar: por lo general encontramos hombres blancos hablando sobre el alma, el vacío, el desasosiego de la existencia, las mujeres, el amor y la poesía en sus propios términos.

Por suerte esto ha ido cambiando gracias a la aparición de voces que antes no habían tenido un espacio visible; una aparición propulsada por las luchas de movimientos sociales, en especial el feminismo. Supongo que el cambio también tiene que ver con que los circuitos de circulación de la palabra se han ampliado por la aparición del Internet y las redes sociales. 

Resueno con la creencia de la poesía como una actividad espiritual, pero espiritual en cuanto material. Me es imposible creer en este momento en una disociación entre la materia del cuerpo, nuestras mentes y eso que podríamos llamar alma o espíritu o fuerza o energía; creo que todo está interconectado de unas maneras misteriosas y que mi imaginación se embelesa cuando empieza a explorar ahí. Creo en la plasticidad del lenguaje para plasmar la maravilla y creo que la poesía puede hablar de lo que se nos cante. Para mí es un espacio de exploración de mis obsesiones, que en mi caso consisten en la fascinación por lo vivo, por el misterio de la otredad, por los cuerpos y las formas, las secreciones, la cotidianidad, lo minúsculo, en fin; yo quisiera que la poesía fuera un espacio donde las cosas perdieran sus calificativos morales, donde la babosa y la cucaracha no sean una asquerosidad sino lugares de atención. Justo hace poco hablaba con Tania Ganitsky y Andrea Salgado sobre esta atención por lo que rechazamos o ignoramos. Creemos que este impulso de hurgar en todo merece un movimiento que tendrá el nombre de Todoísmo. 


Portada del libro "Del porno y las babosas de Fátima Vélez y Power Paola
Portada del libro “Del porno y las babosas” de Fátima Vélez y Power Paola

-Háblanos de la relación sexo-poesía y relacionado con esto lo carnal, lo aparentemente sucio del sexo, y lo espiritual y abstracto de la poesía.

Desde niña he sido una persona muy sensorial. Me encantan los placeres, la comida, la ebullición de la primavera (que sólo vivencié cuando me fui a vivir a un país con estaciones), los olores, el lenguaje y el sexo. Descubrí mi sexualidad desde muy pequeña y también mi gusto extremo por el cuerpo masculino: los pelos, los olores, el sudor de los cuerpos de los hombres. Incluso ahora que he tenido la oportunidad de educarme y poder revisar la construcción de la masculinidad, ese gusto por el cuerpo de los hombres no ha desaparecido. Esa otredad radical me erotiza, y me hace obsesionarme por el deseo que nace en ese cuerpo, cómo se percibe, cómo se siente penetrar, sentir una erección, es algo que no voy a poder sentir desde mi propio cuerpo, y eso me entristece, pero también me erotiza, me ha llevado a usar la poesía como prótesis, como un mecanismo artificial de ese sentir. He volcado los deseos carnales sobre la exploración del lenguaje, es decir, sobre la poesía.

 -¿Qué poetas te inspiraron para escribir el libro?

Uy, muchísimxs: María Mercedez Carranza, Colette, Blanca Varela, Porfirio Barba Jacob, Raúl Gómez Jattin, César Vallejo, Sylvia Plath, Anne Sexton, Sharon Olds, Adrienne Rich, Ferreira Gullar, Virgilio Piñera, Joao Cabral de Melo Neto, Walt Withman, Rimbaud, conversaciones con amigas, Wikipedia, mi abuela.

-¿Qué más te influencia?

Casi todo lo que leo y escucho en el momento de la escritura de un proyecto me influencia, no solamente la poesía. Siempre estoy muy atenta a lo sensorial que me produce el encuentro con otros cuerpos, no necesariamente el de mi pareja, si no, por ejemplo, la sensorialidad que me produce la descripción sensorial de un encuentro sexual que me cuenta una amiga. Estoy por ahí anotando y cuando voy a armar un poema, reviso las notas de mi libreta, voy sacando detalles y voy ensamblando.

​​Mi apuesta es por la creación de una literatura que afecte la experiencia sensorial. La literatura que me atrapa tiene que ver con esta capacidad de afectarme físicamente, de sentir que las palabras me alteran algo en el cuerpo. 

– ¿En Colombia hay mucha represión sexual?

Creo que sí, no es que haya una persecución, pero me parece que la crianza judeo-cristiana sigue instalando ideas de lo que se puede y lo que no. Lo que me parece más grave de esto es que nuestra enseñanza católica ha puesto el énfasis en el cuerpo como un escenario de dolor, de culpa y vergüenza. Es difícil salir de ese marco, porque, por lo menos en mi caso, fui criada bajo ese esquema; el cuerpo como lugar de sufrimiento que se debe trascender para llegar al verdadero mundo. 

No fue hasta que salí de Manizales, y luego de Colombia, que empecé a explorar el cuerpo y luego los fluidos corporales como materia de la literatura. En ese momento recibí varias críticas sobre cómo se me ocurría meter en un poema la menstruación, o un aborto, o algo tan del día a día como cagar, comer, orinar. O incluso peor, el polvo de una casa, los guantes amarillos con que lavo los platos. 

-En tu libro hay un poema dedicado a una actriz porno que tenía sexo con animales. ¿La sociedad reprime un tipo de deseo sexual, lo patologiza, y por eso lo hace más fuerte? 

No tuve esto en la cabeza cuando escribí el poema sobre Bodel Johansen. Me encontré este personaje durante el proceso de investigación del libro y me fascinó su vida, su historia, y el documental que hicieron sobre ella. 

– ¿Cómo ves el deseo sexual relacionado con lo que se consideran perversiones?

Creo que hay deseos muy incomprendidos, deseos que no encajan y que resultan muy desestabilizadores en nuestras sociedades. Deseos generados por la violencia, la represión, el miedo. Pienso mucho en la pedofilia, me parece terrible que haya personas cuyos objetos del deseo sean lxs niñxs, creo que debe ser horrible vivir en cuerpos con ese tipo de deseos. No creo que sea algo natural ni que sucede porque sí, creo que ese morbo, por ejemplo, por los asesinos en serie violadores de niños legitima esos comportamientos. Creo que el morbo hacia eso es una manifestación de lo incomprensible que resultan estos comportamientos.

– ¿En nuestra sociedad se castiga y se reprime más el deseo sexual de la mujer que el del hombre (es evidente, pero danos tu punto de vista)?

Esta es una pregunta retórica. El deseo de las mujeres está emergiendo y está tomando un lugar en el espacio público (Del porno y las babosas es un ejemplo), pero no hay que olvidar que seguimos siendo las más violentadas; que nuestra historia sigue en gran parte silenciada; que nuestros cuerpos y cuidados sostienen la sociedad; y que aún hay muchos lugares en el mundo donde no hay ningún tipo de derechos para nosotras. 

– ¿Qué piensas del porno actual, teniendo en cuenta los cuestionamientos que se le hacen, por la explotación de las mujeres, etc.?

Para mí la pornografía ha sido la realización de las fantasías que no me interesa vivir en la vida real. Produce un placer muy fugaz, cuando llegas al orgasmo no quieres ver más. Con este proyecto pasé muchas horas viendo porno no para conseguir placer sino para observar los cuerpos y el deseo. Fue un trabajo tortuoso, porque claro, empecé a darme cuenta de que nadie estaba disfrutando, empecé a vislumbrar los andamios de la industria, una industria que instrumentaliza los cuerpos, sobre todo los de las mujeres, aunque para los hombres tampoco es fácil mantener erecciones y llegar al orgasmo cuando tienen la presión de una súper producción vigilante. Alguna vez un amigo mío que fue actor porno en Canadá me contó que muchos hombres no logran eyacular en escena y si no lo hacen no les pagan, y esto hace que sea muy difícil para ellos y que tengan que estar muy drogados para lograrlo. 

No quiero ser moralista, pero el porno de nuestra época sobre todo me parece fácil y cruel.  Es un lugar común. Mientras que los videos de las babosas apareándose, el erotismo que de ahí se desprende, es algo que me produce un placer que solo puedo tramitar con la poesía.


Power Paola, ilustradora (Foto: Catalina Bartolomé)
Power Paola, ilustradora (Foto: Catalina Bartolomé)

 

Powerpaola: 

– ¿Qué pasó por tu cabeza cuando leíste el libro de Fátima Vélez?

Las palabras son materia que se te pega en el cuerpo y en mi cabeza recrearon imágenes móviles nuevas, potentes y chispeantes, además de tantas sensaciones mezcladas e indescriptibles.

-Cuéntanos algo sobre el proceso que va de la interpretación de la lectura a la creación de las ilustraciones.

Ya los poemas de Fátima crean esas imágenes que a cada unx le aparecerán en su mente.

Yo quería ser lo más explícita posible. Si en un libro el título dice que hay porno, no quería defraudar a nadie.


Entrevista con Fátima Vélez y Power Paola, autoras del libro "Del porno y las babosas"
Ilustración interior para el libro “Del porno y las babosas”.

¿Qué diferencia sentiste respecto a tu trabajo, entre ilustrar un libro de poemas y tus dibujos de las historietas? 

Ilustrar es otro mundo, está en función de un texto y es algo que hago en colaboración con otrxs. 

Mis historietas son un proyecto personal, y son imágenes en fusión con el texto que cuentan historias de autoficción.

– ¿Crees que, en Colombia, y Latinoamérica en general, hay mucha represión sexual? ¿Las mujeres son muy castigadas con esto?

No solo en Colombia o Latinoamérica, en el mundo entero las mujeres siempre han sido castigadas por desear y tener autonomía.

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