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Ironía migrante en EE. UU. Entrevista con Juan Fernando Hincapié

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Más de una década después de su publicación, Panamericana editorial presenta una nueva edición de Gringadas de Juan Fernando Hincapié.


La primera obra publicada marca un paso importante en la carrera de un escritor. No solo lo expone ante sus futuros colegas y personajes del mundo literario, sino que sienta las bases de una propuesta que, en el mejor de los casos, va creciendo y perfeccionándose con el tiempo. En el caso de Juan Fernando Hincapié (Bogotá, 1978), ese primer libro fue Gringadas, publicado en 2010 por Ediciones B. Gringadas recoge algunas de las vivencias del autor, pasadas por el prisma de la ficción, cuando estudiaba una maestría en escritura creativa en El Paso, Texas. Los temas principales del libro son la familia, la pasión por el fútbol y las relaciones con las mujeres, temas que han estado presentes, en una u otra forma, en toda su obra desde ese libro. Hincapié ha venido alternando los roles de escritor, editor y traductor con bastante éxito: Gramática pura (Rey Naranjo Editores, 2015), Mother Tongue: A Bogotán Story (Rey Naranjo, 2018), La ley del ex (Literatura Random House, 2019) y El Chavo del 8: una media maratón (Rey Naranjo, 2021) como autor; Puñalada trapera (Rey Naranjo, 2017) y Puñalada trapera II (Rey Naranjo, 2022) como editor; nuevas traducciones de Drácula de Bram Stoker, Frankenstein de Mary Shelley y Un vaso de agua bajo mi cama de Daisy Hernández, como traductor. Su obra se caracteriza por usar el humor en la narración y por quitarle solemnidad a cosas que muchos consideran sagradas e intocables en el ámbito literario, como por ejemplo la gramática. A raíz de la publicación de una nueva edición de Gringadas de parte de Panamericana editorial, hablamos con el escritor en este espacio dedicado a los libros y las letras.


Juan Fernando Hincapié, escritor colombiano. Foto por: Juan Felipe Vásquez
Juan Fernando Hincapié, escritor colombiano. Foto por: Juan Felipe Vásquez

¿De dónde surge la idea de esta nueva edición de Gringadas y qué diferencia existe entre la primera versión de Ediciones B y esta de Panamericana?

En 2018 sentí que el libro merecía una segunda oportunidad. Eso por un lado. Por el otro, entendí por qué los autores se niegan a releer sus primeros libros (y casi cualquier cosa que han publicado; eso simplemente no se hace). Había cosas que no me satisfacían a nivel estilístico; por esto monté el libro en el atril que uso para traducir y volví a digitar las 33 mil palabras que tenía. Sobre la marcha fui cambiando detalles de estilo: reformulé frases, cambié adjetivos, moché adverbios. No toqué nada a nivel estructural, que creo es una de las fortalezas de este libro de cuentos que también se lee como una novela. Además, agregué un nuevo texto, un homenaje a uno de mis futbolistas colombianos favoritos, Freddy Rincón. Esta nueva edición tiene un poco más de 37 mil palabras.

¿Cree que Gringadas ha “envejecido” bien?

No soy yo quién debe responder esta pregunta. Sin embargo, le puedo decir que sigo pensando que es un libro fresco, elocuente y entretenido, y que fija los cimientos de lo que he ido haciendo después.

Se podría pensar Gringadas como autoficción por el tono confesional de los relatos. ¿Fue su intención difuminar esa frontera entre realidad y ficción?

Yo respondería con dos preguntas: ¿por qué da esa impresión? Y, ¿no le parece que eso es una fortaleza? Sobre la segunda parte de la pregunta, no me interesa ningún tipo de categorización ni etiqueta, aunque sí le diré que los libros que más me interesan son aquellos que no se sabe muy bien qué son, y que van de un género a otro causándoles malestares estomacales a los profesores de literatura, que suelen ser bastante conservadores (al menos el 90% de ellos; y bastante tontos y solemnes, por cierto).

Para un futuro escritor, ¿qué tan importante o significativa es la experiencia de estudiar por fuera un programa de escritura creativa y qué le puede aportar a un proyecto narrativo?

La gente todavía se sigue peleando por saber si el escritor tiene o no cosas para aprender dentro de un salón de clases. Yo he estado en ambos lados de salones en distintos países, y aún no sé muy bien qué responder a esto. Por un lado, hacer parte de estos programas es la principal fuente de empleo para personas que no sirven para mucho más. Eso es positivo, aunque también da lugar a cosas muy feas, como amiguismos y lambonerías de todo tipo, que son el principal motor de la cultura en Colombia. Ahora bien, si el futuro escritor quiere ser escritor (porque eso es lo que quieren, tristemente) gracias a un pregrado, un taller o a una maestría, a mi modo de ver está jodido, pero bien jodido. Y, de hecho, tenerle que dar clases a gente que no tiene ningún talento es algo muy, muy penoso. En resumen: estudiar escritura creativa puede ayudar en la formación de un autor, si el autor tiene talento, pero es una ayuda mínima, insignificante, del todo secundaria en su camino como artista. Para decirlo con un dicho que era muy popular cuando yo era joven: “No es la flecha, es el indio”.


Portada de Gringadas, libro de Juan Fernando Hincapié, escritor colombiano.
Portada de Gringadas, libro de Juan Fernando Hincapié, escritor colombiano.

¿Podría existir en algún momento un Gringadas II?

Un lector muy perspicaz me dijo una vez que La ley del ex (que yo siento que es mi mejor libro) era la segunda versión o la segunda parte de Gringadas.

Usted ha venido alternando los roles de escritor y editor desde su experiencia en El Paso. ¿Hay alguno que prefiera o que disfrute más que el otro?

Como otros escritores, he desempeñado todo tipo de trabajos (hasta servir el agua en un restaurante gringo, como se lee en “International Face”) para poderme mantener, y algunos de ellos tienen que ver con la edición, la traducción, la edición e incluso la corrección de libros. Son trabajos que disfruto, pero que son muy mal pagos y que siempre me dejan con la sensación de que nunca debí haber firmado un contrato tan desfavorable, casi inmoral. Las condiciones de trabajo de escritores y traductores en Colombia son absolutamente horribles, y alguien debería hacer algo al respecto.

¿Qué consejo le puede ofrecer a los jóvenes escritores que desean narrar utilizando el humor y la irreverencia y las experiencias personales?

Ufff… El mejor consejo que les puedo dar es que se olviden de esta tonta idea y se inscriban en la faculta de ingeniería más cercana.

¿Cuáles considera que son los autores que más han influenciado su narrativa?

No sé si sea hacerles un flaco favor mencionarlos como influencia, pero yo he disfrutado montones la obra de Julio Ramón Ribeyro y de J. D. Salinger, por mencionar un par.

¿Qué puede contarnos sobre sus próximos proyectos?

Siempre estoy escribiendo un libro, y espero que esto se mantenga hasta el día que me muera.

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