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Asomarse al abismo. Bajar es lo peor, primera novela de Mariana Enriquez 

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Llega a Colombia la primera novela de Mariana Enriquez, donde eran evidentes las obsesiones que la convertirían en la mayor exponente de la narrativa de terror en español.


Muchos lectores están esperando la próxima novela de la escritora argentina Mariana Enriquez (Buenos Aires, 1973). Desde que en 2019 recibiera el prestigioso Premio Herralde por Nuestra parte de noche, Enriquez fue consagrada como la máxima exponente del terror en Hispanoamérica. No ha publicado una novela desde entonces. Quizá para hacer la espera hasta el nuevo libro menos larga para esos lectores ansiosos, la editorial Anagrama decide reeditar su primera obra, Bajar es lo peor, publicada originalmente en 1995 cuando la autora tenía veintiún años. 

Para los que estén esperando una historia en la vena de Nuestra parte de noche, deben estar advertidos que Bajar es lo peor no es ese tipo de libro, ni van a encontrarse narraciones como las incluidas en los libros de cuentos Los peligros de fumar en la cama (2009) o Las cosas que perdimos en el fuego (2016). En esta novela, aunque es discernible el interés de la escritora por temas oscuros y se encuentran atisbos de elementos que serán explorados con maestría en futuras historias como las casas abandonadas y lo que pueden esconder (“La casa de Adela”, uno de sus mejores cuentos); puertas que conducen a otros lugares (Nuestra parte de noche); aún no estaba del todo formado ese estilo narrativo por el cual es reconocida y admirada Enriquez


«No releí Bajar es lo peor para esta reedición. No quiero corregirle nada; tampoco quiero recordar lo que no recuerdo de la trama o de los personajes ni reencontrarme con errores que, ya sé, son obvios; como las escenas de sexo, que tienen muy poco realismo y mucha fantasía, pero son fieles a lo que me erotizaba en ese momento…»

Mariana Enriquez, escritora. Foto de Florencia Cosin
Mariana Enriquez, escritora. Foto de Florencia Cosin

Los escritores siempre corregimos nuestros textos, se trate de ficción o no ficción, muchas veces de manera obsesiva, buscando por fin esa versión que se acerque lo máximo posible a la perfección. Muchos agregan cosas o hacen cambios en nuevas ediciones de sus obras, aprovechando la experiencia adquirida para subsanar detalles que fueron pasados por alto. No es el caso de esta novela; la autora no quiso revisarla ni agregar o quitar algo: “No releí Bajar es lo peor para esta reedición. No quiero corregirle nada; tampoco quiero recordar lo que no recuerdo de la trama o de los personajes ni reencontrarme con errores que, ya sé, son obvios; como las escenas de sexo, que tienen muy poco realismo y mucha fantasía, pero son fieles a lo que me erotizaba en ese momento, antes de ver pornografía, antes de que mis amigos gays tuvieran la experiencia suficiente para describirme ciertas dinámicas, antes de que yo misma experimentara lo suficiente. No quiero retocar ninguno de esos problemas cándidos. Me gusta esta novela. Me gustó escribirla. Además, me parece mal corregir los libros viejos: le pertenecen a su tiempo. Y le pertenecen al autor cuando era más joven, que es una persona diferente”, dice en el prólogo de esta edición.

La escritora cuenta cuál fue el germen de esta historia y por qué decidió escribirla, aun sin contar con la experiencia o las bases técnicas para escribir una novela: “También recuerdo, perfectamente, por qué la escribí. Los dos protagonistas de la novela, Narval y Facundo, vivían en mi cabeza y tenía que desalojarlos porque no me dejaban lugar. Constantemente pensaba en ellos, eran un concentrado de mis obsesiones adolescentes, que son muy parecidas a mis obsesiones actuales: el vampirismo, el sexo entre hombres, la turbia belleza baudeleriana, la belleza injuriada de Rimbaud, la literatura fantástica y de horror, los subterráneos, los demonios, River Phoenix y Keanu Reeves, Lestat y Louis. Bajar es lo peor fue una especie de reescritura de Mi mundo privado y Entrevista con el vampiro, pero ubicada en Buenos Aires”, afirma.

Narval y Facundo tienen cosas de la película de Gus Van Sant que menciona Enriquez (en la que River Phoenix y Keanu Reeves son dos jóvenes que se ganan la vida prestando servicios sexuales tanto a hombres como a mujeres en las calles de Portland), pero también de William Burroughs y de la “enfermedad” que menciona en El almuerzo desnudo (1959), en especial Narval. Y aunque las escenas de sexo entre los protagonistas no son tan detalladas ni el consumo de drogas tan impactante, desagradable ni desesperado como en El almuerzo desnudo, algo de ese sufrimiento se encuentra en las páginas de Bajar es lo peor. La sinopsis de la novela dice: En el Buenos Aires nocturno, sórdido y vibrante de los años noventa se mueven dos personajes: Facundo, un joven de belleza inalcanzable que se prostituye para sobrevivir y tiene miedo de dormir solo por las pesadillas que sufre, y Narval, un chico perseguido por seres oscuros y macabras alucinaciones. Un tercer personaje, la inestable Carolina, completa el trío, que se asoma al abismo de las drogas, la violencia, la destrucción y el amor.

Aunque Bajar es lo peor es una historia de amor, no significa que carezca de sus momentos de terror; dicho elemento proviene de Narval y de esos seres que lo acosan, y que podrían ser una especie de Cenobitas que buscan saciar un enfermizo deseo sexual, la manifestación de traumas de Narval que no conocemos o delirios producidos por el consumo de drogas. Enriquez nos da algo del pasado de Facundo (“el chico que armé con retazos de Ian Astbury, Nick Cave y Charlie Sexton –sobre todo, de Astbury–, la combinación que yo juzgaba alquimia de la hermosura y la crueldad”) pero nunca sabemos mayor cosa de la historia de Narval. “Para mí siempre fue una novela fantástica con noche y drogas. Con el romanticismo de Cumbres borrascosas y la geografía del sur de la ciudad”, dice la autora. 

Los momentos en los que aparecen esas figuras ominosas son de lo más interesante de la novela y deberían satisfacer a los lectores que descubrieron a la escritora con Nuestra parte de noche y esperan una nueva dosis de terror de alta calidad. Estos seres se materializan de la nada, entran en casas abandonadas en las que realizan actos innombrables (recuerdan a El corazón condenado de Clive Barker), pero el significado de que persigan a Narval es algo sobre lo que no se brindan mayores detalles ni tampoco sobre la vida del personaje antes de conocer a Facundo, aumentando ese halo de misterio que rodea la historia, así pueda resultar insatisfactorio para algunos lectores. Para los que buscan esa inyección de terror, manifestada por la irrupción de la Oscuridad en la obra cumbre de Enriquez o como el culto urbano a deidades lovecraftianas en “Bajo el agua negra” (incluido en Las cosas que perdimos en el fuego) van a encontrar aquí más momentos de un amor difícil entre dos personas torturadas que esas escenas con elementos sobrenaturales, lo cual representa un tipo de terror más mundano y que le interesaba a la autora en ese período de su vida.

Para los que quieren conocer la evolución de una de las escritoras más interesantes en lengua española, rastrear sus influencias y ver cómo se ha ido destilando su estilo e intereses, les invito a leer Bajar es lo peor, distribuida en Colombia por Grupo Penta.


Portada del libro Bajar es lo peor de Mariana Enriquez
Portada del libro Bajar es lo peor de Mariana Enriquez

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