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Pablo Concha: «Aprendí que el miedo y el asombro eran mucho más intensos en la literatura»

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El escritor colombiano Pablo Concha presenta su nuevo libro, La piel de las pesadillas.


Por: Ileana Bolívar 

Pablo Concha (Cali, 1980) disfrutaba de su infancia viendo películas de terror, en ese momento comenzó a explorar el universo de las historias de horror y miedo que lo fueron llevando por el camino de la literatura. Rememora aquella vez que su madre le dijo que «La película es buena, pero el libro es muchísimo mejor

Desde entonces, Concha ha seguido muy de cerca la pluma de grandes escritores que han influenciado su narrativa, especializándose en este género, pese a que en nuestro país no ha encontrado eco por parte de los editores: «El terror siempre ha sido un género marginal y mal visto, en especial en países como Colombia. El panorama no ha cambiado mucho, lastimosamente, pero hay ligeros atisbos de esperanza…», explica Pablo.

Ha publicado dos libros de cuentos, resultado de las convocatorias de Estímulos de la Secretaria de Cultura de Cali: La otra luz (2017) y La piel de las pesadillas (2020), esta última que presenta por estos días. 

Al adentrase en La piel de las pesadillas uno se encuentra con una realidad perturbadora que, aunque inverosímil, se aproxima a la nuestra a través de personajes sumidos en la tristeza, la locura y con sueños reprimidos que son arrojados a una pesadilla difícil de escapar.  


—Usted se ha dedicado a escribir historias de terror. ¿Cómo nace su interés por este género?

Nació por medio del cine. De niño disfrutaba mucho de esa sensación de miedo y peligro que experimentaba viendo películas de terror en mi casa. Mi madre dijo algo en algunas ocasiones que quedó resonando en mi cabeza: “La película es buena, pero el libro es muchísimo mejor”. Al explorar la biblioteca de mi abuela y descubrir Los ojos del dragón de Stephen King, aprendí que el miedo y el asombro eran mucho más intensos en la literatura, y quedé enganchado sin remedio. 

—El género del terror es uno de los más olvidados en Colombia. ¿Cómo ve su panorama actual? ¿Se publican más libros? 

El terror siempre ha sido un género marginal y mal visto, en especial en países como Colombia. El panorama no ha cambiado mucho, lastimosamente, pero hay ligeros atisbos de esperanza… De vez en cuando aparecen obras que se pueden incluir en este género o en el de la ciencia ficción, algunas publicadas por editoriales importantes, y eso es alentador. Pero el terror, al tratar asuntos relacionados directamente con la muerte, el miedo y en muchos casos el sufrimiento, aún carece de una amplia acogida. No a todos los lectores les gusta o están dispuestos a sentir y explorar el miedo, a saborear lo que es vivir con él.

—Las mujeres son personajes que sirven de hilo conductor en muchos de los cuentos de La piel de las pesadillas. ¿Por qué decidió escribir desde esta perspectiva y sobre mujeres tan diversas? ¿Fue difícil para usted hallar esas voces que le dieran verosimilitud a las historias?

Las historias determinaban que el punto de vista y los personajes fueran mujeres; fue algo que estuvo claro desde el principio y ni siquiera consideré otra opción. Eso lo hacía más atrayente desde el enfoque de la narración y para mí como escritor. Las mujeres son mucho más interesantes y complejas emocionalmente, y contar cualquier historia desde su perspectiva me parecía más enriquecedor. Hallar esas voces no fue tan difícil, la historia misma lo fue determinando y todo fluyó de manera natural. Ya es cuestión de las lectoras decir si tuve éxito o no.


«Las mujeres son mucho más interesantes y complejas emocionalmente, y contar cualquier historia desde su perspectiva me parecía más enriquecedor.» 



—En otro de los cuentos, uno de los personajes creía ver la realidad a través de un espejo especial, y su mente advierte escenas distorsionadas y a veces macabras. Esto me lleva a preguntarle si el género del terror es cada vez más cercano a nuestra propia realidad.

Creo que el género siempre ha estado cercano a la realidad y ha tratado incluso de ver más allá, sirviendo en ocasiones de oráculo. Lo que sucedió el año pasado con la rápida propagación del Covid–19 ya lo había “pronosticado” Stephen King en su libro The Stand del 78, y más de uno vio la similitud, aunque, por suerte para nosotros, el Covid–19 no es tan letal como el capitán trotamundos. Las grandes historias del género han retratado problemáticas sociales de importancia, a veces usando como excusa algún elemento sobrenatural, y por eso han logrado perdurar en el tiempo y en el imaginario cultural: el bullying y sus consecuencias en la psique de un adolescente (Carrie y Rabia de King), el alcoholismo y la violencia que engendra (El resplandor), la morbosidad de los reality shows por mostrar la desintegración de la familia (Una cabeza llena de fantasmas de Paul Tremblay) y un largo etcétera. 

—En su cuento “Ciclos de oscuridad en horas de vigilia” la protagonista es una escritora y allí se hace referencia a las mujeres que escriben en este género. ¿Lee literatura escrita por mujeres? Si es así, ¿qué escritoras son importantes para usted o lo han influenciado en su formación? 

Leo mucha literatura escrita por mujeres. Puedo decir que me han influenciado bastantes autoras, y no todas escriben necesariamente terror. Flannery O’Connor, Shirley Jackson, Kate Atkinson, Lorrie Moore, Jennifer Egan (cuyo libro de cuentos El tiempo es un canalla me parece perfecto), Pilar Pedraza, Samantha Schweblin (su libro Distancia de rescate es de lo más enigmático y aterrador que se puede leer), Mariana Enriquez, Mónica Ojeda (cuya mezcla de poesía y horror me encanta), Ariana Harwicz, Liliana Colanzi,María José Navia, Laura Fernández (su novela Connerland es genial), Giovanna Rivero (cuyo relato Yucu es de las mejores historias de vampiros que he leído últimamente), Nadia Bulkin (a quien descubrí hace poco). De nuestro país sigo de cerca lo que hacen Andrea Mejía, Natalia Maya, Catalina Navas y Laura Rodríguez Leiva. Y estoy bastante seguro de que habré olvidado a unas cuantas... 

—Una buena historia de terror se compone de…

Pienso que es una cuestión de sensibilidad, y a la vez una mezcla de varias piezas que deben o deberían estar en una narración y encajar armoniosamente, ya sea cuento o novela. Contar una buena historia, algo interesante que enganche al lector, con una atmósfera adecuada y elementos que pueda reconocer e identificar de su propio entorno para que exista alguna conexión emocional. Con eso en juego, es solo llevarlo de la mano y mostrarle despacio la irrupción de algo distinto en su mundo y ojalá dejarlo perturbado… Es como hallar el balance perfecto entre realidad y extrañeza, y entre esas dos fronteras, algo oscuro que acecha y amenaza todo.


«Mariana Enríquez porque ha sabido narrar el terror desde nuestro territorio y es la única escritora en español realmente consagrada por escribir en este género.»



La piel de las pesadillas es un libro que se puede enmarcar en el campo del terror psicológico. Usted logra que el lector sienta ese miedo, demencia y angustia que padecen sus personajes. ¿A qué autores ha estudiado y que son referentes en su narrativa?

Arthur Machen y su obra El gran dios Pan porque trata del precio que se debe pagar por levantar el velo de la realidad y mirar lo que hay detrás, idea que me interesa muchísimo analizar. H. P. Lovecraft y su idea de los cultos a los dioses antiguos, y la forma y consecuencias de contactarlos. Peter Straub porque su idea del miedo como forma de exploración de los traumas y abusos de la niñez es asombrosa, en especial sus libros Fantasmas,La Garganta, Perdidos y La cámara oscura. Straub es una inspiración porque es de los pocos autores que ha logrado alcanzar la perfección en sus libros; es uno de los pocos maestros que existen. Brian Evenson por su visión apocalíptica y la manera en que muestra los resquicios por los que el horror entra en la vida cotidiana. Mariana Enríquez porque ha sabido narrar el terror desde nuestro territorio y es la única escritora en español realmente consagrada por escribir en este género. Hay muchos otros que me gustan y de los que bebo regularmente como Paul Tremblay, Giovanna Rivero, Mónica Ojeda, Amparo Dávila y Caitlin Kiernan.


—¿Cómo seleccionó los cuentos que incluiría en La piel de las pesadillas? ¿Hubo textos que se quedaron por fuera?

Algunos quedaron por fuera, sí. Luego de una conversación con el editor del libro, más una lectura que hizo del manuscrito inicial el escritor Cristian Romero, nos dimos cuenta de que en un par de relatos era posible que el lector “se pillara el truco” antes de concluir el cuento y eso no era para nada lo que queríamos. Así que un par se fueron para la papelera y se incluyeron otros nuevos que comulgaban más con el espíritu del conjunto.




—Dos de los cinco cuentos de este libro los escribió hace un par de años. ¿Qué tanto cambiaron desde su primera versión?

Cambiaron bastante, como debe hacerlo cualquier cuento desde su concepción hasta su forma final. Con el tiempo los fui puliendo y perfeccionando, tratando de encontrar esa forma que por fin me satisficiera. Los editores que trabajaron en el libro ayudaron a dar los toques finales y necesarios para obtener lo que había estado buscando. Puedo decir que el cambio fue bastante significativo.

—El último relato de este nuevo libro es un guiño a su anterior obra Otra Luz, a la vez que profundiza en la historia de uno de los cuentos al mirarlo desde otra perspectiva. ¿Cómo surgió este relato?

Es uno de los cuentos más recientes del libro y la idea surgió durante el proceso de corrección editorial de La piel de las pesadillas. Empecé a ver esta imagen de un patrullero como hipnotizado con la luz roja de su vehículo que rebotaba en una casa, un lugar donde no quería entrar... Al analizar un poco más esa imagen, la narración fue fluyendo de manera muy natural y se conectó con otra de las historias de La piel... Y tiene toda la razón, el título es un guiño a mi primer libro. Espero que los lectores lo encuentren interesante.

—Su trabajo literario lo ha consolidado como uno de los autores destacados del  género. ¿Ha pensado incursionar en la novela de terror? 

Sí, lo he pensado. De hecho, mi siguiente proyecto literario es una novela.

—Gracias a las becas de creación del programa de estímulos de la Secretaría de Cultura de Cali sus libros han visto la luz. ¿Ha intentado que las editoriales también publiquen su obra? 

Hasta el momento no he tocado esas puertas. Pero pienso hacerlo muy pronto con mi siguiente proyecto.


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Foto de Pablo Concha en esta entrevista: Angélica Ocampo

Imagen del libro: Cuántika Studio.

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