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Limpieza de oficio

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No. 7273 Bogotá, Jueves 10 de Diciembre del 2015



Limpieza de oficio


Por: Enrique Patiño / Bogotá. 

Novela. Podría decir que conocí a Sergio Ocampo en el oficio y que ya por eso le debo mis respetos y se ganó mi admiración. Pero a la hora de leerlo decidí dejar el pasado periodístico de lado, olvidarme que alguna vez coincidimos en la misma redacción, que leí muchas de sus crónicas, que tuvimos el mismo cargo años después en un diario regional, y me concentré tan solo en el placer de leerlo como escritor. De cero. Como si no lo conociera. Sin avisarle nada. En esa ‘limpieza de oficio’ de arrancar de la nada y comenzar a abordarlo desde un punto de vista neutro arranqué con su primera novela El hombre que murió la víspera (Norma, 2011) y me sorprendió encontrar la libertad de un narrador que se ha despojado del traje del periodismo para poder contar con total desenfado una historia compleja.

Ahora, en Limpieza de oficio, queda claro que se ha despojado de la camisa de fuerza del oficio de contar noticias breves para narrar esta vez desde la perspectiva de un supuesto cronista. El personaje central de su novela inventa muertes bellas y altera las pruebas para darle algo de sentido de dignidad a la violencia brutal y sin poética del país, y sobre todo, para ponerle lírica y salvar de la mezquindad y del olvido a los asesinatos en serie de un desquiciado que está acabando con todos los payasos de la ciudad.

Eso es lo más bello, irónico y brutal de la novela de Sergio Ocampo: que se trata de payasos. Que los que mueren son seres tristes, marginados ya por una sociedad que ni siquiera tiene tiempo para reír. Por esos seres que ganan poco y que han rifado sus zapatos largos y su maquillaje para vender almuerzos, si es que los contratan para ello. Esa especie en vía de extinción que de repente es asesinada y a nadie le parece importar, salvo al cronista que decide crear una coartada para que los crímenes tengan coherencia, para que la vida real no los eche al olvido gracias a su inventiva como creador de historias. Salvo a ese hombre que trabaja en crónica roja y se siente más un creador que un reportero, y decide comunicarse con el asesino a través de los muertos mismos.

No es una historia para sonreír a carcajadas, salvo por la ironía de sus situaciones, que sacan no pocas sonrisas. La muerte no suele ser divertida. Pero sí es una obra para entender cómo, al igual que los payasos hacen, es posible quitarse el traje que nos disfraza. Lo hacen los payasos que mueren y reclaman algo de dignidad y de protección. Lo hace las autoridades, que revelan su ineficiencia investigativa una y otra vez. Lo hace el cronista cuando fabula muertes seriales y crea asesinos para ponerle estética a asesinatos donde solo ha habido venganza y saña. Y lo hace, por supuesto, Sergio Ocampo, cuando deja en claro que es él, más que nunca, cuando narra. Que esta historia de payasos es para tomarla muy en serio.

Sergio Ocampo Madrid (Medellín) / Literatura Random House (2014) / 226 páginas.

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