Quantcast
Channel: Libros y Letras
Viewing all articles
Browse latest Browse all 14558

Habla Abelardo Castillo

Previous Nos escriben
0
0
Tomado de Página 12/ Buenos Aires. El autor analiza el modo en que sus anotaciones han servido de laboratorio y relativiza la supuesta “intimidad”: “Me expongo más en mis obras de ficción o al contestar una entrevista. Hay algo inquietante que es el dar a conocer lo que uno ha hecho”.

¿Se podrá ser sincero en un diario? Arrojada sin preámbulos, la pregunta parece el resto suspendido de una explosión, una amenaza que pesa en el aire. La primera anotación de un joven escritor de 19 años, que todavía no había publicado nada y recién comienza a tantear la escritura, es de febrero de 1954. “Vagamente se recuerda haber soñado, y esto ya es desagradable. Se piensa entonces: ¿y los sueños olvidados, esos que ya no recordaremos nunca? O mejor: los que no recordamos en absoluto al despertar, los que ignoramos haber tenido. Y es espantoso. He soñado mil sueños diminutos de los que no tengo conciencia. Esas caras, esos paisajes, ¿han sido para qué?” En la entrada siguiente continúa: “La elección de cada expresión, en la prosa, debería ser algo así como la elección de los ritmos del verso”. La publicación de los Diarios (1954-1991) de Abelardo Castillo –que hoy recibirá el premio Konex de Brillante compartido con Ricardo Piglia, ver aparte– es un acontecimiento literario, no sólo por lo que significa paladear un volumen de 603 páginas. Estos “borradores mentales” funcionan en conjunto como el laboratorio donde el escritor se desafía a mansalva y destilan una escritura de alto vuelo poético en aquellos momentos en que opta por callar o no decirlo todo.

La distinción de Dimitri –el gato de Castillo y Sylvia Iparraguirre– es incalculablemente bella y delicada. Cualquier voz femenina que no reconoce puede ser la peor pesadilla: una veterinaria que viene a revisarlo. La intrusa de Página/12 es recibida con suma cautela y recelo. “Los premios son una consecuencia lógica –y a veces no tan lógica– del trabajo literario. No cambian la vida de un escritor, salvo cuando son esos premios fastuosos, con mucho dinero, que en general llegan muy tarde, como el Nobel. Son reconocimientos que no siempre son merecidos, pero que son recibidos con alegría por los escritores. Me pone muy contento que el Konex de Brillante lo hayan ganado antes escritores como Borges, Bioy Casares y Tizón. Este tipo de premios le importa ganar a un escritor porque no se postula. Vale decir que no es que mandé una obra de teatro, un libro de cuentos o una novela, sino que me eligió un grupo de pares –escritores, periodistas y críticos literarios– y es muy gratificante. Macedonio Fernández sostenía que si a un hombre –supongo que decía a él– lo dejaran pensar realmente todo el tiempo solo podría descubrir todas las ideas de la humanidad. La condición era vivir lo suficiente. Si en la Argentina uno vive lo suficiente termina ganando todos los premios”, bromea el escritor.

Dimitri decide vigilar a la ino-portuna visita en la mejor posición posible para un gato: atrincherado pacientemente bajo el escritorio, desde donde puede mirar sin ser visto. Castillo dice que el premio más importante que recibió fue por su obra de teatro “El otro Judas”, en 1959. “Yo mandé la pieza a ese concurso a instancias de Nicolás Guillén y me dieron el primer premio, que significaba la edición y representación de la obra. Yo tenía 22 años, no me conocía nadie, no le había leído nada a nadie, salvo a mi novia y a un amigo. Recuerdo todavía que un día me llama papá de San Pedro y me dice: ‘Hijo, he leído en el diario que ganaste un premio con una novela’. Yo publiqué una novela mucho más tarde y dije: es El otro Judas. Fue mi entrada a la Gaceta Literaria y de ahí sale El grillo de papel; con eso se inició el Abelardo Castillo que ahora está conversando”, afirma el escritor. “Ni cuando le dieron a Israfel el Premio Internacional de la Unesco volví a sentir la íntima alegría cercana a la felicidad que tuve el día que me llamó papá por teléfono. Después los premios se transforman en una especie de ceremonia de la ceremonia de la literatura y hay algunos que los recibís muy agradecidos y con mucha alegría, como el Konex”.

Viewing all articles
Browse latest Browse all 14558