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Vila-Matas en Buenos Aires

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Tomado de Página 12/ Buenos Aires. El escritor catalán reflexionó sobre la tensión entre literatura y vida. El Filba se desarrollará hasta mañana. 

El encanto de vivir lo escrito fue el delicioso anzuelo que arrojó Enrique Vila-Matas desde el escenario del Malba, cuando inauguró la sexta edición del Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires (Filba), que se realizará en simultáneo en Santiago de Chile y Montevideo. “Me fascina escribir los viajes antes de hacerlos”, confesó el narrador catalán, experimentado en el “inmenso placer que puede uno sentir al conseguir sutilmente cambiar lo que iba a ocurrir y lograr que pase lo que quiere que pase”. Esta afición por escribir los viajes nació hace unos años en la ciudad portuguesa de Oporto. Algo falló en ese guión, tuvo que fingir estar desesperado y empezó a sentir una intensa sed de venganza contra “la imperfección del mundo que precisamente me había llevado a escribir”. El autor de Kassel no invita a la lógica elevó la sensación térmica de la noche. A medida que leía su discurso conseguía seducir a sus lectores y espectadores. “Literatura y venganza son hermanas de sangre; la misma historia de la literatura puede ser leída como el relato de una inagotable venganza de la palabra escrita contra la famosa vida”, afirmó Vila-Matas

Toda historia, en manos del catalán, remite a otra historia. Leerlo y escucharlo es un viaje imprevisible: encontrarse y perderse es, al mejor estilo vila-matiano, una forma de estar en el mundo. El escritor asoció la literatura con “l’esprit de l’escalie”, el ingenio de la escalera, “ese momento en el que encontramos la perfecta réplica a ciertas palabras que nos han molestado, pero la respuesta ya no nos sirve, porque estamos bajando la escalera y la contestación ingeniosa deberíamos haberla dado antes, cuando estábamos arriba”, explicó Vila-Matas ante varios de los escritores que participarán en esta edición del Filba: Philippe Claudel (Francia), Jeremías Gamboa (Perú), Antonio Ortuño (México), Maximiliano Barrientos (Bolivia) y Chris Kraus (EUA), entre otros escritores. 

El indeclinable afán de Vila-Matas continuó por el camino de una cuestión hamletiana: escribir o vivir. El narrador catalán se preguntó de dónde vendrá el mito de que la muerte de la literatura significa desembarcar en la vida y acceder a lo real. “En caso de admitir que vivir y escribir son actividades distintas, me gustaría que alguien me explicara qué nos perdemos al escribir: ¿cazar elefantes como (Ernest) Hemingway, o quizás una apasionante vida abisinia a lo (Arthur) Rimbaud? Nada nos perdemos. Claro que ahora parece que quien se ha perdido soy yo”, ironizó el escritor. “La tensión entre literatura y vida, desde Cervantes, Flaubert y Proust, es el tipo de debate que ha desarrollado la novela. Me acuerdo de tantas historias que me fascinaron y cuyo centro neurálgico me acostumbré a localiza en una pregunta doble: qué quiere decir ser un escritor y qué quiere decir dedicar la vida a la literatura. Hubo una época en que cuando hablaba de esto, me miraban como a un tipo extraño y me preguntaban por qué le daba importancia y tantas vueltas a ese doble asunto –recordó—. Entiendo el arte no como una producción, sino como una actitud, como una forma de estar en el mundo, como una forma de vivir. El futbolista Javier Mascherano lo dijo hace poco a su manera: ‘En definitiva, juego como vivo’”. 

La sexta edición del Filba comenzó ayer en la librería Eterna Cadencia –una de las sedes del festival– con la exhibición “Cuadernos de autor” intervenidos por dibujantes de historieta argentinos, producida y montada por Comicópolis; y “Soy tu librero” con Philippe Claudel y María Sonia Cristoff, un clásico en el que escritores reciben a los lectores y les recomiendan libros. Antes de la apertura en el Malba, Joe Sacco y Guy Delisie, dos de los más importantes novelistas gráficos, dialogaron sobre cómo es contar el mundo a través del comic. Como si todo estuviera exquisitamente calculado, el escritor catalán evocó a Eric Satie. El compositor y pianista francés nunca abría las cartas que recibía, pero las contestaba todas. “Cuando publicaron las cartas juntamente con sus respuestas, el resultado fue muy interesante. Se trataba de una correspondencia perfecta, porque todos ahí hablaban de cosas distintas y, como todo el mundo sabe, esa ha sido siempre la esencia del diálogo”, ponderó el autor de Dietario voluble para luego explicitar su guiño a Satie, “un homenaje a la verdadera esencia de todo diálogo”. El escritor respondió veinte mails que le llegaron durante las vacaciones y que no ha leído ni piensa leer: “La mayor discusión de mi vida la tuve en Nueva York y duró dos días y llegó a ser violenta: discutí sobre cómo se pronunciaba Robert Mitchum”. Las carcajadas y los aplausos coronaron la intensidad de una apertura inolvidable.

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