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Milan Kundera pone fin a 14 años de silencio.

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Tomado de Estandarte. Com El esperado regreso de Milan Kundera con su novela La fiesta de la insignificancia será uno de los platos fuertes de la rentrée literaria española, el próximo otoño. Lo publicará Tusquets el 2 de septiembre y con él se pone fin a nada menos que catorce años de silencio del autor checo, desde que publicara La ignorancia

Según Beatriz de Moura, que en este caso no sólo es la editora de Tusquets (bueno, era, hasta el pasado mes de julio, en que pasó el relevo a Juan Cerezo), sino que ha traducido personalmente el libro, “En La fiesta de la insignificancia están presentes casi todos los temas preferidos del autor y llevados a su esencia: la maternidad, la sexualidad, el poder con sus facetas —desde la crueldad y la arbitrariedad hasta el absurdo y la ternura—, la zafiedad de los falaces…”. 

De entre todo lo que hemos escuchado sobre el libro, que ya ha sido publicado en Francia e Italia, nos llega sobre todoadmiración hacia el desafío cumplido por el autor: hablar de temas esenciales “sin pronunciar una sola frase seria”. Digamos que parece que ha logrado unificar con gracia los conceptos de pesadez y ligereza, esos que obsesionaban a Italo Calvino en el ensayo Seis propuestas para el próximo milenio. Y entre esos temas serios, brilla con fuerza el del erotismo, asunto que ha obsesionado a Kundera desde sus inicios, con la certeza de que el amor físico genera una “luz extremadamente fuerte”. 

Como bien cuenta la contraportada del libro, no sorprenderá a sus lectores ese deseo de humorismo. En La inmortalidad, Goethe y Hemingway paseaban juntos durante muchos capítulos, charlando y se lo pasándoselo muy bien. Y en La lentitud, Vera, la esposa del autor, decía a su marido: “Tú me has dicho muchas veces que un día escribirías una novela en la que no habría ninguna palabra seria…Te lo advierto: ve con cuidado: tus enemigos acechan”. Parece que Milan Kundera ha aceptado el desafío. 

Como si de un guiñol se tratara, en La fiesta de la insignificancia asoman Stalin y la URSS, un hombre apasionado por los ombligos femeninos, una viuda muy alegre y un actor en paro que se hace pasar por camarero paquistaní. Y todo ello, con mucho humor, una función que, según ha contado el autor en más de una ocasión, “aprendí a valorar durante la época del terror estalinista”.

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