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Otra historia del cine

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Tomado de Página 12/ Buenos Aires. En su libro, los historiadores Andrés Insaurralde y Guillermo Russo rescatan una serie de entrevistas que no sólo abarca a las estrellas, sino también a los hacedores silenciosos del set. 

Casi mil páginas componen los dos tomos del libro Más allá del olvido, de los historiadores Guillermo Russo y Andrés Insaurralde, a través del cual reproducen sesenta y siete entrevistas a directores, actores, productores, guionistas, escenógrafos, vestuaristas, peinadores, maquilladores, montajistas, asistentes de dirección y copistas que fueron protagonistas del cine nacional de los ’20, ’30, ’40 y en especial de la Epoca de Oro. La publicación pudo realizarse gracias al apoyo de la Fundación Aldea de las Luces, que preside Graciela Garzelli. La edición es limitada y tiene algo tan original como llamativo: no se vende, sino que se obsequia. Los interesados en conseguir un ejemplar deben escribir a info@aldeadelasluces.com.ar 

Russo e Insaurralde comenzaron a trabajar en el Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken en los ’70 e integraban el Archivo de la Palabra, a través del cual entrevistaron a directores como Hugo Fregonese, Carlos Hugo Christensen, Lucas Demare, Mario Gallo y Francisco Mugica; actores de la talla de Hugo del Carril, Amalia Bernabé, María Duval, Delia Garcés, Aída Luz, Juan Carlos Thorry y Olga Zubarry, entre otros. También a quienes no eran figuras, pero formaban parte de los equipos de un set. “En esa época no estaba la posibilidad de ver películas antes de ver al entrevistado. Se trabajaba con 16 mm, había que esperar retrospectivas. La idea era que nos contaran cosas que se iban a perder después, cuando ya no estuvieran”, cuenta Russo. El principio fundamental “era rescatar las voces y los testimonios, porque ésa es la tarea fundamental del Museo del Cine: rescatar, conservar y difundir la memoria”, agrega Insaurralde. Las entrevistas son inéditas y quedaron guardadas en el Museo. “Desgrabamos todo lo que encontramos y algunas las desechamos porque eran un poco pobres. En un momento uno no se da cuenta, pero después al leerla se da cuenta de que no aporta mucho”, admite Russo

Si bien su trabajo fue un proyecto en democracia, las entrevistas también fueron realizadas durante la dictadura. “Tuvimos un ‘beneficio’: estábamos entrevistando a gente de muy atrás, pero a pesar de eso se refleja un poco lo que se vivía en ese momento. Uno notaba que algunas figuras se cuidaban un poco para hablar”, reconoce Insaurralde. Y Russo agrega: “En todo testimonio siempre hay un fondo que se nota al leerlo y que es la época de la dictadura”. 

Hacer esas entrevistas fue una tarea muy grata. “Incluso fue variando sobre la marcha –explica Insaurralde–, porque en un principio pensábamos que íbamos a encontrar gente que nos iba a hablar del traspaso del cine mudo al sonoro o de la Epoca de Oro, a fines de los ’30, principios de los ’40, y nos encontramos con gente que había trabajado en el cine mudo, pero no en los últimos tiempos, sino también en medio del período.” Por ejemplo, Milagros de la Vega e Ilde Pirovano. Insaurralde recuerda que Pirovano “trabajó con Gardel en Flor de durazno. Como era italiana, hablaba poco español y le tenían que traducir. Y lo conoció a Gardel cuando todavía no era Gardel: era un gordito que apareció con traje de marinero en muchas fotos. Y él le hizo gustar el tango, le enseñó ‘Mi noche triste’. Cuando esta chica italiana, que tenía muy pocos años, volvió a la casa y se puso a cantar el tango, los viejos la miraron raro. El libro ilustra no sólo lo cinematográfico, sino también sobre cómo se vivía y las circunstancias históricas”, subraya Insaurralde.

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