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Armando Calveyra habla de su obra

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Tomado de Página 12/ Buenos Aires. “Novela presupone intriga, y yo quise romper con la intriga”. El autor entrerriano radicado en Francia da a conocer un texto escrito allá lejos y hace tiempo, entre París y La Plata. Eltítulo resulta engañoso, porque en rigor se trata de una novela “imposible”, hecha de “notas, pedazos de cuentos, de leyendas”.
Vivir el presente con intensidad no es otra cosa que atesorar recuerdos futuros. Un joven poeta entrerriano, discípulo y amigo de Carlos Mastronardi, escribe en el París de fines de la década del ’50, durante su primer viaje de exploración de un largo camino, con estaciones y soledades, de austeridad y poemas exquisitos. “‘¡No quiero ser poeta!; dicen que grité. Repito la frase por miedo a que vuelva. La pongo cuidadosamente encima del papel, el quiero al lado del no. ¡Cuánto abismo...! Y ser, la palabra ser: casi un sustantivo, por poco un paisaje. Y no. No estaba en mi naturaleza ser poeta; contra una opinión difundida, nadie nace poeta, son los otros los que cierran el puño alrededor de algo que resulta ser el canto de uno, que todo lo ignoraba del tema. No, yo no creía en el destino: en un mundo construido de golpe, el destino nos habla como desde muy lejos...” Se podría ovillar la madeja poética de Arnaldo Calveyra por este fragmento que pertenece a Novela (Adriana Hidalgo) –una novela “imposible” o la novela de un poeta–, su último libro publicado, pero escrito allá lejos y hace tiempo entre París y La Plata, adonde volvió por unos meses para luego regresar a la capital francesa con una beca de estudio y la certeza de que las palabras nunca lo traicionarían. Ni mucho menos sus amigos: Julio Cortázar, Alejandra Pizarnik y Laure Bataillon, la traductora al francés de varios de sus libros.

¡Qué linda la sonrisa de Arnaldo, soñador de ojos sonrientes, tan celestiales como dicharacheros! Se lo extrañaba en Buenos Aires, aunque sus libros acompañen y sean un modo de entablar con él otras conversaciones. “Visto que ha pasado mucho tiempo, sé que Novela surgió en ese primer viaje a Francia, que fue un viaje en que no tenía el boleto de vuelta, un viaje hecho con pedacitos de ganas, todo modesto. No sé cuál fue el origen, pero sale del callejear, de buscarle la puerta a París y ver por qué lado me podía introducir en ese mundo, con muchas ganas. Mastronardi pensaba que el corolario de todo ese trabajo que hice con él, un trabajo de mucha palabra, de amistad pura, de todos esos años de estar juntos, era ir a Francia, cosa que él no hizo. Pero él quería que yo fuera –recuerda Calveyra, quien reside en París desde 1961–. No puedo decir en qué momento me senté en mi pieza y empecé a escribir. Salió como notas, pedazos de cuentos, de leyendas; hay fábulas en medio de eso, según dice Daniel Samoilovich; es como un popurrí al mismo tiempo.”

–En un momento de Novela aparece la pregunta “¿Hay un reposo de ser argentino?”. ¿Qué le pasaba a usted, argentino de Mansilla, de un pueblo de Entre Ríos, en ese salir a callejear por primera vez en París?

–Tal vez quería dejar un poco ese contrapeso que llevaba para quedarme con el mundo. Había una voluntad de hacer más grande todo, de agrandar hasta llegar a lo que es el mundo, que tampoco es tan grande, que es mucho más chico de lo que uno cree cuando lo enfrenta.

–“Creo que seguiré haciendo el esfuerzo de no aprender inglés, por lo menos mientras me interese la poesía”, se afirma en otra parte. ¿Cómo explica este reparo hacia la lengua inglesa?

–No es peyorativo para con la lengua inglesa. En aquella época, y tal vez ahora, el hecho de no conocer una lengua te llevaba a tener chispazos. Siempre luché contra el inglés porque deforma, es una lengua colonizadora. Mis hijos, que nacieron en París, hablan perfecto castellano, pero no hice ningún esfuerzo especial para que fueran argentinófilos como son, más que yo todavía.


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