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La estética de las moscas. Reseña de Plaga, la novela de Juliana Javierre

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Juliana Javierre, escritora colombiana
Juliana Javierre, escritora colombiana



Reseña de la novela Plaga de Juliana Javierre, una escritora que, sin lugar a dudas, pondrá su nombre en la órbita literaria latinoamericana.


Por: Jerónimo García Riaño*

Un asunto al que he dedicado mis últimas lecturas filosóficas está relacionado con la estética: su herejía, su rebelión ante el espectáculo, su manera de entenderse en el mundo y el valor que adquiere cuando se habla de belleza y sensación, como algunas formas de apreciar el mundo y la naturaleza.

En síntesis, la estética como escenario de revolución artística, un componente del arte que se aleja de este y adquiere vida propia para tratar de explicar la existencia de las cosas a través de las percepciones. Las percepciones que dan sentido.

Ahora, todo lo que veo, leo y escucho causa alguna sensación relacionada con la belleza y la armonía del lenguaje (aunque no siempre la imagen que provoca el lenguaje sea bella). Por lo pronto, los argumentos detrás de la estética literaria pasan a sala de espera. Y leyendo sobre el asunto empiezo a escribir esta reseña de una novela que se ajusta a lo que ahora pienso de la estética: Plaga, de la escritora colombiana Juliana Javierre.

Javierre habla de Sopinga, un pueblo que al principio pensé imaginario, pero resulta ser el nombre de un municipio ribereño de Risaralda, La Virginia. La única vez que conocí la Virginia siendo niño, recuerdo ver a un gran pez barbudo y listo para la venta que mostraba su agonía abriendo la boca encima de una mesa. Sopinga también fue sinónimo de enfermedad, cólera y fiebre amarilla, especialmente, y dato no menor para el desarrollo de la novela.

Y en Sopinga vive Emilia, y en Emilia viven moscas. Pero en ese momento no empieza la historia, empieza la estética:

“… Fue ahí cuando la sintió entrar en vuelo directo por su garganta. Sintió las seis patas sucias de mierda y de basura abriéndose camino en su interior, la larga lengua vomitándola por todos los frentes −el corazón el hígado, el vaso, los pulmones−, los dos ojos solos o los miles de ojos en escrutando el espacio en la elección de la cavidad más conveniente para depositar los huevos. La sintió clavarse, hacerse un lugar entre la vejiga y el recto. Asco. Un asco envolvente, pegajoso, le apretó la garganta como la estuvieran jalando desde adentro. El asco de quién observa una pierna gangrenada y descubre, al alzar la vista, que esa pierna le pertenece. La compasión de quién presencia su propio dolor”.

Emilia se traga una mosca. Una mosca de muchas que invaden a Sopinga.

A partir de ahí la estética cuenta lo que pasa con Emilia (su vida diaria: atender a su abuela y a su mamá e ir a la escuela) y su hijo mosca, las cartas a Esteban, un amor desaparecido, y el locutor de la Voz de Sopinga que pone al pueblo al día en la noticia de la región: las moscas que aparecieron, las moscas que llegaron para quedarse, como una enfermedad.

“La voz de Sopinga, su emisora, le informa: hay quienes, animados por la idea de espantar las moscas con el humo, han iniciado labores de quema de desechos. Pues bien. de un incendio cada dos meses hemos pasado a dos incendios por mes, y ahora los tres funcionarios permanentes de la estación de bomberos y la única máquina extintora del pueblo resultan insuficientes para controlar el fuego.
Sólo las lluvias consiguen, a veces, apaciguarlo.
¿Y el inspector? Lejos, a kilómetros del problema”.

Entonces a Sopinga llega un controlador de la plaga: los sapos.

“Emilia observaba los sapos con la curiosidad de quién presencia un accidente, maravillado y aterrado a la vez por la casualidad que lo puso ahí para verlo y por la casualidad que lo salvó de ser él el muerto. Las pupilas horizontales simulan un hilo de oro flotando en aguas tranquilas. Fijas sobre Emilia parecían decirle <<no temo>>. Emilia dio un paso hacia atrás. Recordó que Esteban decía que los sapos lanzan un veneno capaz de dejar ciega a las personas. De quedar ciega, no podría examinar el agua antes de beberla para constatar que estuviera libre renacuajos Y entonces sería un riesgo, la posibilidad de que las cosas se salieron de control: El caos. Tal vez ya había bebido algunos sin darse cuenta, no podía estar segura. ¿Y si en vez de moscas ahora estaba llena de sapos? Sacudió la cabeza.”


Y como todo bebé, los bebés mosca también crecen en la barriga.

“La barriga creció más rápido que su capacidad para ocultarla. Al principio, sentía que una masa pequeña solo podía despertar un afecto pequeño y que, por eso, no podía amarla. Ahora que cobraba forma, qué se hacía visible para los otros y para ella misma, sentía miedo de empezar acostumbrarse a eso que le estaba creciendo adentro y que tenía vida, una vida completa... no agotada, como la suya.

¡Si tan solo la criatura muriera!
Hacerla morir... ¿cómo?
Ella la protegía con su silencio.”
Y mientras Emilia buscaba ahogarse en el agua para también ahogar a la criatura, imaginó que su bebé nacía.
“…También estaban la Abuela, asomada entre sus piernas a la espera del nacimiento porvenir, y Mamá Carmela, contemplando la escena con angustia.
―Sigue fría ―dijo la abuela.
Mamá Carmela la miró como si intentara reconocerse, encontrar el parecido que todos podían entrever, menos ella, en el rostro de su hija. <<Negrita... Ay, negrita >>.
Era verdad que estaba fría. Ella se sentía temblar.
Tan fría como una serpiente.
Una serpiente de tierra caliente.
El dolor crecía, se desbordaba sobre sí mismo, estaba bajo la piel.
―¿Ya? ―le preguntó Emilia a la abuela, esperando que todo hubiera terminado.
―Ay, no llore, mija. Puje pues.
Entonces, la sintió salir.
La abuela corto el cordón, fastidiada.
En vez de llorar, la criatura zumbaba.
Emilia levantó la cabeza”.


¿Sintió algo al leer estos fragmentos de la novela? Eso que sintió se llama estética. Lo que logra Juliana, sin duda una escritora que conoce sobre asuntos poéticos, es descubrir en el horror la belleza; en las moscas, la estética. ¡Qué gran autora colombiana! ¡Ah! Y el final de la novela, el final de Plaga, es una carta. Una carta que de la no voy a hablar aquí.

Portada de Plaga, libro de Juliana Javierre
Portada de Plaga, libro de Juliana Javierre


Plaga 

Autora: Juliana Javierre (TW: @julianajavierre, IG: @juliana.javierre)

Género: Novela contemporánea

Editorial: Seix Barral 

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Sobre el autor: *JERÓNIMO GARCÍA RIAÑO.

Editor y docente. 

Sígalo en 

Twitter: @jerogarciar
Instagram: @jerogarciariano

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