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Creencias populares y horror local. Reseña de Llorar sobre leche derramada

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En su segundo libro de cuentos, la autora paisa Lina María Parra narra historias que fluctúan entre la desesperanza y el gótico urbano.


Por: Pablo Concha*

La brujería, los bebedizos de hierbas y la lectura del tarot son prácticas cotidianas alojadas en la realidad de muchas personas y en su manera de comprender el mundo; para otros, en cambio, no son tan comunes y quizás se les considera como sabiduría ancestral o incluso charlatanería. Cualquiera que sea el caso, la mayoría hemos oído algo al respecto y en uno u otro nivel entendemos a lo que se refiere. Estos saberes están presentes en la obra de la escritora Lina María Parra, en especial en su segundo libro, Llorar sobre leche derramada, publicado por la editorial Animal Extinto. «El interés por estos temas que llamás ancestrales, que para mí son más bien asuntos de las creencias populares y la superstición, viene del gusto por lo sobrenatural que plagaba las historias de mi familia por el lado materno, que es una familia de un pueblo antioqueño donde la creencia en las brujas, los duendes, los rezos, los amarres, las ánimas del purgatorio y demás fenómenos de superstición popular eran comunes y estaban en el mismo plano de realidad que la lógica o la razón. Es decir, no había separación entre la idea de una bruja o un curandero y la cotidianidad común. Creo que en mi escritura busco no solo rescatar, sino también reinventarme estas creencias e historias. Por otra parte, el interés también se alimenta de mi gusto temprano por las películas, libros y series de televisión donde había personajes de mujeres brujas, mujeres con un poder propio y misterioso, oscuro y complicado», afirma la autora.

Hay elementos sobrenaturales y ominosos en algunos de los relatos, como en «Llueven piedras» (cuando los muertos entran en contacto con los vivos) y «Los hermanos deben estar unidos» (donde una vieja rencilla entre dos medio hermanos toma un giro inesperado gracias a la intervención de una bruja); a veces son palpables y en otras solo se insinúan, pero su presencia es innegable. En el primer libro de Parra, titulado Malas posturas, hay relatos como «Fantasmas» donde ya estaban presentes esas inquietudes y acercamientos al género. «Creo que el interés por lo oscuro, lo sobrenatural, lo siniestro y lo macabro lo tengo desde muy pequeña, y se compone de un montón de influencias y experiencias que no podría explicar del todo. Leo literatura de género y leí mucho en mi niñez y adolescencia, pero sin pensarla como “de género”; para mí eran historias y ya, y claro, tenía desde muy pequeña una inclinación por lo oscuro que exploraba tanto en lo que leía, como en las películas que veía, en la música que me gustaba, hasta en la ropa. El cine de terror fue muy importante para mí, igual que el gusto por los casos de crímenes reales y las historias locales de lo sobrenatural, las brujas, sobre todo. Tengo un lado muy macabro porque disfruto explorando todo lo que tiene que ver con cuerpos, cadáveres, enfermedades y deformidades. Todo lo desviado de la norma. Y creo que todo eso se junta y sale en lo que escribo, me obsesiona», afirma la escritora. 

Aparte de esa inclinación hacia lo oscuro, los relatos de Parra contienen otros elementos que los hacen aún más interesantes, como la exploración de la familia, indagación que posiblemente tiene tintes autobiográficos. En muchos de los relatos se repiten los nombres de los personajes: Estefanía, Soledad, Lina María, y queda la sensación de que son las mismas personas en diferentes etapas de sus vidas, sin que esto se especifique claramente. Esta característica suscita la incógnita de si podría leerse Llorar sobre leche derramada como una especie de novela-de-relatos. «No sé si como una novela en sí, pero es cierto que hay una intención de construir un relato de familia que traspasa los límites de cada cuento para mostrar cómo las vidas de esos personajes se entrelazan y se complementan. A veces, incluso en algún cuento no menciono el nombre de un personaje, pero doy pistas de quién es, porque aparece en otros cuentos. Una de las intenciones que tenía, tanto con Llorar sobre leche derramada como con Malas posturas, era crear esta narrativa de familia, reinventarme mi familia si se quiere, y explorarla desde muchos ángulos», señala Parra.

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«El cine de terror fue muy importante para mí, igual que el gusto por los casos de crímenes reales y las historias locales de lo sobrenatural, las brujas, sobre todo». 

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Sumado a esto, o atravesándolo, se sienten una tristeza y enorme desesperanza en algunos cuentos donde las mujeres protagonistas deben lidiar con una realidad que no pueden cambiar y que saben que no cambiará; narraciones donde el abuso y el maltrato animal son tan comunes y normalizados que los personajes dudan que sea algo que vaya a mejorar. «Ella sabe que uno no recuerda lo que no ha vivido, pero esto sí está grabado en la mente de todas, como un terror hereditario, como un cáncer», dice la protagonista de «Aquí no pasa nada». «Hay una intuición entrenada que me permite explorar ciertas emociones o sentimientos como los que mencionás de la tristeza y la desesperanza. También es que yo soy muy pesimista, y creo que eso se me sale, me interesa mucho ese asunto de enfrentarse a algo que es más grande que uno y que uno no puede cambiar», explica la autora. 


El cuerpo es muy importante en la mayoría de las historias, no tanto como objeto de deseo, sino como motivo de sufrimiento o desagrado. La forma como se da esa exploración de la corporalidad donde el sexo está ausente en su mayor parte es muy interesante y en el relato que abre el libro, «La lista de tus órganos», se expone claramente:
«Los cuerpos son caos, no son discernibles a simple vista como el muñeco desollado del libro de biología. No son higiénicos ni secos ni tienen espacios vacíos».

«No creo que sea solo el sexo lo que está ausente, aunque hay cuentos donde los personajes tienen sexo y se masturban, como Fantasmas o Llueven piedras. No escribo mucho sobre el cuerpo sano tampoco, el que hace deporte, el bello. No es un asunto tanto de lo que excluyo, sino de lo que me llama a poner la mirada una y otra vez, que es la enfermedad y el dolor. Tengo una obsesión con el cuerpo como máquina que nos falla y con el dolor como tragedia ineludible que nos persigue por más que la evitemos. Me interesa mucho más lo que tiene para contar un cadáver en descomposición que lo que tiene para contar un cuerpo sano y hegemónico. Busco en la escritura entender cómo somos puro cuerpo, sobre todo cuando este nos deja tirados, no hace lo que debería hacer, no funciona», señala Parra.

Se evidencia, además, una preocupación y crítica a la destrucción del medio ambiente en aras del progreso, tema que ya estaba presente en Malas posturas, lo que hace que nos preguntemos si esas dos obras tal vez puedan leerse como un solo libro. «El interés por el medio ambiente y su destrucción en pos del progreso capitalista es un tema que me duele y que aparece sobre todo en relación con el personaje de Estefanía, que está muy inspirado en mi hermana y su trabajo como veterinaria de fauna silvestre. Por ejemplo, la presencia de Estefanía como personaje en ambos libros devela que evidentemente están conectados narrativamente, pero no son un solo libro. Son acercamientos a preguntas y obsesiones que surgen en diferentes momentos y que tiene enfoques distintos, creo que Malas posturas trata más sobre el cuerpo y la familia mientras que Llorar sobre leche derramada explora más la derrota y el asunto de la memoria», dice la autora. 

Llegados a este punto, muchos se podrían preguntar qué tanto de la vida de la propia escritora se encuentra en los cuentos de Llorar sobre leche derramada. «Hay bastantes elementos de mi vida, por un lado, porque creo que es inevitable que al escribir uno ponga ahí sus preguntas y obsesiones, no tanto su experiencia completa, y por otro lado porque hay una intención de ficcionalizar las historias de mi infancia y las de mi familia. Pero estos elementos son apenas semillas que permiten que existan las historias.  Por lo que de mi propia vida hay mucho y nada, y eso es lo que me interesa con la literatura, por eso uso algunos nombres “reales”, para dejar los textos como al borde de un precipicio, porque lo que a mí al escribir me importa no es lo que de mi vida hay en los textos sino cómo esos pequeños puntos de partida de “mi vida real” explotan y se deforman hasta volverse cuentos». 

Es posible que algunos lectores ya conocieran a Lina Parra; su cuento «La lista de tus órganos» fue incluido en la antología Cuerpos: veinte formas de habitar el mundo de la editorial Seix Barral en 2019. «Es importante y necesario hacer este tipo de antologías y rastreos, sobre todo en un medio editorial que sigue viendo a las escritoras como una rareza, o que las publicita y las vende como mujeres que escriben nada más, como una moda. Así, estas antologías sirven para dar un horizonte de las escritoras del país cuya producción no tiene el mismo alcance que la de los escritores hegemónicos que se mueven en la capital». 
En caso de que no la conocieran, Llorar sobre leche derramada es un excelente punto de partida para adentrarse en la obra de una de las escritoras más interesantes en el panorama actual de la literatura colombiana.


*Escritor colombiano. Autor de los libros de cuentos Otra Luz y La piel de las pesadillas. Colaborador literario de la Revista Libros & Letras, entre otros medios culturales.


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Las opiniones expresadas en www.librosyletras.com son responsabilidad exclusivas de su autor. 

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