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Ante las dudas del amor. Reseña de Pura pasión, de Annie Ernaux

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Pura pasión es uno de los libros de Annie Ernaux que Tusquets Editores ha reeditado, a raíz del Premio Formentor que le fue otorgado a la autora en 2019 por el conjunto de su obra, con el ánimo de lograr un mayor alcance de lectores en lengua española.


Por: Santiago Díaz Benavides* /Bogotá


“Desde septiembre del año pasado no he hecho más que esperar a un hombre”, dice una de las líneas iniciales de Pura pasión, título publicado originalmente en francés al inicio de la década de los 90, traducido al español por Thomas Kauf y publicado en esta lengua por vez primera en 1993. Continúa: “(…) he estado esperando que me llamara y que viniera a verme. Iba al supermercado, al cine, llevaba la ropa a la lavandería, leía, corregía exámenes, actuaba exactamente igual que antes, pero si no hubiera tenido la costumbre de hacer estas cosas, me habría resultado imposible, salvo a costa de un esfuerzo aterrador. Al hablar es cuando tenía, sobre todo, la impresión de vivir llevada por mi impulso. Las palabras y las frases, hasta la risa, se formaban en mis labios sin la intervención real de la reflexión o la voluntad. Por lo demás, tan solo guardo un vago recuerdo de mis actividades, de las películas que vi, de las personas con las que me relacioné. Todo mi comportamiento era artificial”.


«… se dio el lujo de vivir una apasionante historia de amor que terminó, como todas las buenas historias, por inspirar la escritura de un libro»



En algún momento entre 1978 y 1988, Annie Ernaux, la escritora francesa, además de estar gozando de una apreciable popularidad entre los lectores europeos, se dio el lujo de vivir una apasionante historia de amor que terminó, como todas las buenas historias, por inspirar la escritura de un libro. Esta historia, sin embargo, no tenía lo suficiente para ser contada como una novela, así que la autora tomó la decisión de narrarla como si fuera un ensayo o una crónica literaria en la que reflexiona acerca de los conceptos del amor y la pasión. Mezclando los recursos narrativos de la autobiografía y la escritura ensayística, Ernaux da cuenta en este libro de un estilo particular que le permite al lector situarse en medio de una narración con aire intelectual. Es como leer un reportaje de Joan Didion en Vogue, o alguna de las crónicas de María Moreno en la revista Alfonsina; como si reuniéramos en una misma sala a Edouard Louis, a Emmanuel Carriere o a Virgine Despentes, y los pusiéramos a discutir sobre un tema.

Nacida en 1940, Annie Ernaux vive hoy un momento de mucha actividad editorial. El grupo Planeta, en España, a través de su sello Tusquets, y la editorial Cabaret Voltaire, se han encargado de reubicar su obra en el panorama literario actual y de revivir el interés de los lectores hispanos (y esto incluye a Latinoamérica y Centroamérica) por su nombre, el de una autora que inició su actividad literaria en 1974 y a día de hoy está más vigente que nunca. Desde muy joven comprendió que su estilo iba más allá de la ficción y es así como decide incorporar el ensayo y la no ficción a su escritura. Sin titubeos, narra la vida de su madre, la historia personal de sus padres, los episodios turbulentos de su adolescencia, la experiencia durante el matrimonio, los abortos, las enfermedades, y las pérdidas. La suya es una obra en la que su propia vida es el principal motor de las historias. Sus palabras imitan la sensación de desnudarse frente al espejo y verse durante un largo rato, sin otra intención que la de la simple contemplación.

En Pura pasión, la autora nos expone sus encuentros secretos con A, así lo llama, por respeto al personaje, un diplomático extranjero al que conoció un día y del que se enamoró perdidamente. Junto a ella, una mujer adulta, de clase media, culta, independiente, divorciada, madre de dos hijos, y entregada por completo a sus instintos carnales, reflexionamos acerca de este concepto de la pasión que, en ocasiones, puede tornarse sumamente complejo. Podríamos verlo como obsesión, manifestación de deseo, o un conjunto de placeres que se funden ante nosotros para obrar a su antojo. Sin embargo, aquí se presenta más como el motor adecuado dispuesto para la escritura. Lo que consigue Ernaux en tan pocas páginas, 74 para ser exactos, es enfatizar en la posibilidad que existe de convertir las emociones, las experiencias vividas, en algo positivo, o medianamente útil, para la existencia. ¿Quién no ha afirmado, después de haber dejado pasar un buen tiempo, que aquel amor intenso que vivió en algún momento, además de dolerle tanto, le permitió aprender mucho acerca de sí mismo? Pues bien, además de haber llegado a la conclusión de lo muy absurda que fue aquella situación para ella, al tiempo que se convirtió en una de sus experiencias más añoradas, la autora se detiene a pensar en las similitudes que esto podría tener con su trabajo, o con cualquier otra actividad creativa. Ella dice, en una ocasión, “la escritura debería tender a eso, a esta impresión que provoca la escena del acto sexual, a esta angustia y a este estupor, a una suspensión del juicio moral”. Se reflexiona, entonces, sobre cómo puede operar lo sensitivo, lo emocional, en la construcción de algo más, un tejido iconográfico que va mediado por un texto. “No quiero explicar mi pasión, sino sencillamente exponerla”. La vida es el primer referente para la escritura. El abismo entre ambas categorías es el sitio al que este libro se plantea llegar.

Muy pocas veces se habla acerca de la forma en que actuamos ante las dudas del amor, de cómo el deseo trastoca nuestros actos. De alguna manera, el tema hace parte de una serie de tabúes que hemos normalizado en nuestras sociedades. De repente, es de lo más común ver que una mujer se desviva por encontrarse con un hombre. Trabaja más rápido, es más práctica y pasa por encima, incluso, de sus propias convicciones con tal de llegar y estar, simplemente estar con ese hombre. Pero ¿sucede con tamaña intensidad en el sentido contrario? ¿Cuántos somos los hombres que lo dejamos todo, incluyendo nuestras practicas más apreciadas, con el ánimo de estar dispuestos para el encuentro con una mujer? Y esto debe considerarse sin incluir el factor sexual en la operación. ¿Cuántos hombres dejarían de ver un partido de fútbol o renunciarían a una noche de copas por ir a escuchar a una mujer hablar sobre cómo estuvo su día o lo que sea que tuviese por contar? Es, entonces, cuando reflexionamos. La persona a la que amamos, o creemos amar, es un completo desconocido a nuestro lado. ¿Qué tanto de lo que sucede entre los dos es virtud del amor, y qué tanto se le debe a la pasión?

Uno lee este libro y podría pensar que es el texto ideal para cualquier etapa de ruptura. Es posible reflexionar sobre los actos propios y pensar en las relaciones vividas. Conforme uno va leyendo, dice: “Sí, yo hacía estas cosas”, “Yo me comportaba de esta manera”, “Yo pensaba así”. La escritura de Ernaux es tan sincera que le permite al lector sentirse acogido en todo momento. Esto puede estar sucediendo en Francia y ser contado por una mujer con ciertos privilegios, pero más allá del contexto, todos hemos vivido un amor intenso alguna vez, o lo hemos creído así.


“… la autora se evalúa desde su postura de mujer, en diferentes niveles, y se da cuenta de que hay agresión, incluso, en sus propios actos…”



Es interesante ver, también, cómo la autora se evalúa desde su postura de mujer, en diferentes niveles, y se da cuenta de que hay agresión, incluso, en sus propios actos, en lo que hace consigo al permitir que su dignidad se vea disminuida a causa de los deseos de un hombre y se pregunta: ¿Qué tanto puede una mujer abandonarse a sí misma por el afán de pertenecer a un hombre? La respuesta parece estar dilatándose en cada párrafo y cada lector se lleva la suya propia.

Este es un libro en el que el tiempo pasa demasiado rápido y las preguntas no dejan de aparecer. El lector se cuestiona en cada pasaje y lo cierto es que el aire narrativo del texto pareciera estar dispuesto para generar este tipo de lectura. Son párrafos cortos, casi que parecen aforismos. Esta es una mujer hablándonos sobre ella misma, sobre sus deseos y la forma tan desprevenida como se entregó a la más febril de las pasiones; es una mujer hablándonos sobre una condición que es común a todos nosotros. Es un texto corto, sí, pero con más contundencia que muchas novelas de cuatrocientas páginas. Léanlo y lo sabrán.





*Ilustración para esta reseña por Nátaly Londoño Laura


*Santiago Díaz Benavides. Lector, cinéfilo y melómano. Periodista cultural, colaborador en diferentes medios culturales. Coordinador editorial en Palabra Libre; librero de la Librería Central. Síguelo en Instagram como: @santi.escribe

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