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Ni un paso atrás de Enrique Patiño

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Por Hernando De la Rosa 

Kike Patiño siempre ha tenido dos opciones en su vida –en cuanto a su pasión por la escritura–: periodismo o literatura.

En ambas actividades se ha distinguido con singular éxito. En lo primero, ya sea en la Revista Diners o en Semana o en su reciente paso fugaz como editor de El Heraldo de Barranquilla; sus reportajes, crónicas y análisis se basaban en realidades comunes, pero llevadas a conocimiento de los lectores para su fácil lectura con términos donde no existe el rebuscamiento en la gramática.

Por otra parte, en el oficio de escribidor de literatura, nos recrea con historias que, aunque producto de su imaginación, las hace tan reales que quienes las leemos terminamos convencidos de que fue protagonista de ellas. Así, en La sed, con sus personajes inmersos en la escasez del líquido vital y obsesionados por obtener agua a como dé lugar–una historia cruel pero fantástica– nos convence de que Patiño tiene toda la razón cuando expresa que “quien la lea tendrá la necesidad de beber agua”.

En Ni un paso atrás, hay una mezcla de todo: de periodismo narrativo e investigativo condimentado con la creatividad literaria de su autor. No es una biografía novelada como todas las que son moda hoy en día, con apuntes consecuencia de la “invención”, sino que en el desarrollo de su lectura uno tiene que detenerse varias veces y preguntarse cómo el autor se adentra en ese mundo familiar y personal de la familia Galán Sarmiento, con sus premoniciones, alegrías, tristezas y fatalidades, sin haber tenido más que algunas conversaciones con su viuda y los hijos de su matrimonio con ella; y como todo lo escrito es tan real que se tiene que concluir que sin duda es la mejor historia que sobre Luis Carlos Galán se ha contado.

Enrique, en la presentación que hizo en la Librería Wilborada, fue preciso al recordar que Ni un paso atrás se refiere no a lo que ya conocemos a partir de su asesinato sino a todo lo que se desconoce de antes de ese vil acontecimiento, comenzando con la el anecdotario de las vivencias iniciales de sus padres Mario Galán y Cecilia Sarmiento, antes y después de volverse marido y mujer. Es de destacar que el autor hace más énfasis en la vida de ella y en las vicisitudes que tuvo que pasar desde niña y se detiene poco en la vida familiar infantil y juvenil de Galán Gómez, adentrándose en esta solo cuando ya como profesional comienza a destacarse en su natal Santander.

Es en esos capítulos iniciales donde entrelaza lo vivido por los padres de Galán con lo que padece el espíritu atormentado pero luchador del líder de Nuevo Liberalismo; para mí, allí se encuentra la clave de toda la obra.

El valor indiscutido e indiscutible de esta obra radica en que todo lo que Enrique escribe es consecuencia de una investigación personal profunda publicada en diversos medios a lo largo de los últimos 60 años, pero concatenada en una única historia.

Patiño nos muestra un Galán fatalista, prevenido aunque con impulsos de valor ante lo que él considera su destino de que, curiosamente –es mi pensamiento al concluir la lectura este libro –morirá antes de tiempo. En él se conjugan el maniqueísta que al mejor estilo mesiánico cree que él es el llamado a “salvar la patria”, pero igualmente el hombre lleno de resquemores ante todo y todos los que lo rodean en el campo político. No cree en el Presidente Virgilio Barco, a quien considera dubitativo, menos en el Director del DAS de la época, el muy oscuro Miguel Maza Márquez, y menos, por supuesto en quienes por órdenes de éste son su cuerpo de escoltas.

Galan sabe –según Enrique Patiño– que lo van a matar y aunque siente el temor obvio de todo ser humano; no se arredra ante esa realidad y la enfrenta con valor sin dar… Ni un paso atrás.

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