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Parador Húngaro, sobre las almas errantes, la identidad y los amigos, se estrena en salas

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El próximo 3 de diciembre llega a cartelera un documental ameno, de esos que cuentan historias donde se cruza el camino de dos personas, de la manera y el lugar más insospechado. De esas historias que nos recuerdan que en la vida uno está destinado a vivir ciertos hechos y que esa vivencia inevitable reconduce nuestro paso por este mundo. Lo que se cuenta ahí utiliza unos cuantos elementos de la ficción para hablar de la vida del protagonista.

Nos referimos a Parador Húngaro, la historia de un hombre con alma de nómada que se dice húngaro, pero que en realidad no lo es, que es estadounidense pero no se siente de tal nación y terminó en Colombia donde es conquistado por el amor. Ese hombre es Patrick Alexander, a su vez el codirector de este largometraje.

El documental lo vimos en 2014 como parte de la competencia del FICCI (Leer reseña Parador Húngaro) y desde entonces deseamos que muchas personas lo vieran en salas. De esa fecha a hoy, Parador Húngaro ha ganado varios reconocimientos y sumado una lista grande de participaciones en festivales del mundo, además de haberse exhibido en la cartelera de cine de Hungría.

Patrick Alexander es pareja de Aseneth Suárez Ruíz, la otra realizadora de esta producción y con quien comenzó el proyecto desde 2006. “Trabajamos por siete años en un proceso muy orgánico y personal y esperamos que eso se sienta en el estilo y el tono de la película”, comentaron.

Pero los caminos que se cruzan y son contados en la película, no son los de ambos directores, sino del encuentro, por esas casualidades, con Gyuri Villás, un húngaro de “verdad verdad”, radicado en Bogotá, con familia y una historia que de cierta forma los unía. Gyuri era el dueño de un negocio de comida húngara en pleno centro de la ciudad y con más de 50 años de tradición. La película lleva el título de ese local. Usar el nombre del negocio, según los realizadores, “se convirtió en una idea, una metáfora, un estado mental, un lugar en la cabeza donde se puede ir y sentirse como en casa. Concluimos que todo el mundo tiene un Parador Húngaro”.

La película que es distribuida por Royal Films ofrece la oportunidad de conectarse con ella, bien sea por las singularidades de su historia, por ese deseo de ser almas errantes que todos llevamos por dentro y que personas como Patrick se empeñan en cumplir, también, por la situación migrante de muchos, por lo satisfactorio que es encontrar amigos o por esas preguntas trascendentales que de vez en cuando nos embargan en ciertas edades. Al respecto Patrick y Aseneth han dicho: “No hicimos la película para declarar nada, solo queríamos contar una historia. Sabíamos que muchas personas la iban a ver, y que cada cual encontraría sus propios mensajes, sus propias conexiones. No es nuestra tarea decir lo que la película debe significar. Sin embargo, si hay algo que esperamos que la gente se lleve después de salir de la sala y es la tarea de: ¡Mirar a su alrededor! Preguntarse y cuestionarse sobre todo lo que les genere curiosidad, hablar con la familia y los vecinos, conocer sus historias. Abrazar la multiplicidad y la diversidad tanto en nosotros mismos como individuos y en conjunto como sociedad”.

Hay otro aspecto interesante en esta historia y es el tema de qué nos define, pero sobre todo con qué nos identificamos y el sentido real de pertenencia. Así como padre no es el que lo tiene a uno, sino el que lo cría, Patrick Alexander tiene la fuerza para explicarnos en este documental que uno no es de donde nació, sino de donde se siente cómodo. “Viajando por el mundo hemos visto cómo las sociedades son divididas entre los que son de izquierda o derecha, entre regiones, estratos y barrios, pero siempre hemos encontrado que al hablar, escuchar y permitirnos conocer, la gente en todas partes es abierta y generosa. Creemos en la amistad, en la posibilidad de entenderse a pesar de las diferencias culturales e idiomáticas, somos más que un conjunto de ideas utilizadas para definirnos como “nación”. Podemos tener diferentes experiencias y antecedentes, e incluso opiniones, pero siempre podemos encontrar un terreno común”.

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