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Pedro Madueño: "La fotografía es muy cruel, no miente"

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Por: Vivian Murcia G. / Editora de El PortalVoz.

Hablamos con el fotoperiodista quien expone Cinco minutos. Retratos periodísticos, 1977-2015 en CaixaForum de Madrid. Madueño destaca que el retrato es el género periodístico "más completo" pero desmiente eso de que una foto vale más que mil palabras.

Con tres décadas de trabajo en el diario La Vanguardia, conoce muy bien la evolución del fotoperiodismo en España. Ahora Pedro Madueño ((La Carlota, Córdoba, 1961) ha elegido 50 retratos que ha hecho a figuras de diferentes áreas. Los rostros de Juan Marsé, John Irving, Francesc Català-Roca, Antoni Tàpies, Eduardo Chillida, Pina Bausch y Ferran Adrià, entre otros, están presentes.

CaixaForum Madrid acoge una selección inédita de las mejores fotografías publicadas por el fotoperiodista en más de tres décadas de profesión.

Vivian Murcia: ¿Por qué el retrato es el género periodístico más completo?

Pedro Madueño: Para mí lo es y lo seguirá siendo. Creo que la cara de una persona transmite muchas sensaciones, situaciones, que hacen que el retrato te conmueva. Nada superior al rostro de una persona. Ahí está todo el paisaje, toda la información posible. No concebimos un cuerpo sin una cara, así como no concebimos un reportaje si no hay un elemento vivo, todo va enfocado al retrato. Yo diría que el retrato es el inicio y el final de la fotografía.

La fotografía de prensa se basa en la urgencia del momento, de la noticia. ¿Cómo se logra un buen retrato en un tiempo record? ¿No es una contradicción que sea el género más completo y, a la vez, el más rápido?

En el fotoperiodismo y, especialmente en el retrato, es donde más se necesita concentración porque en muy poco tiempo hay que plasmar no solamente la percepción que tenemos del personaje sino, también, por qué es noticia. Es verdad que el tiempo va en contra pero hace que nos pongamos al cien por cien de nuestras capacidades. Ponemos el alma para conseguir ese rostro diciente.

¿Cuál es su opinión del periodismo de hoy, que se rige por la inmediatez?

Yo lamento el periodismo que se hace con prisas. Contar con poco tiempo no nos puede llevar a la frivolidad y eso está pasando. No vale pasar de puntillas por una información sin profundizar. Se nota muchísimo cuando un periodista no sabe de qué habla porque no sabe narrarlo.

Creo que hemos tenido, en todos los medios de comunicación, un gran expolio de periodistas con memoria histórica y con capacidad para el análisis y, sin menospreciar el valor de la juventud, ahora estamos descolgados de ese buen periodismo de antaño.

Reivindico el periodismo de calidad, el pausado, la entrevista con blancos, con espacios. Para ser un buen reportaje hay que dejar que el personaje se relaje, hay que dejarle que respire, que medite. Tanta inmediatez y tanta perfección no es creíble. Creo que hay un punto de imperfección que hace que la noticia sea más creíble.

Se me viene a la cabeza una foto muy actual y potente, la de Aylan, el niño sirio ahogado en una costa de Turquía. ¿Qué deontología debe mover a un fotógrafo?

La ética sale de cada fotógrafo y él es el máximo responsable de lo que capta. Cuando nosotros disparamos, con ese impulso que te sale del corazón y que te lleva a mover el dedo para que tomes la fotografía, ahí empieza la ética periodística. No me vale que me digan que el jefe les impide tomar una foto, eso es no ser ético. Es verdad que cuando empiezas estás muy presionado por los medios de comunicación, que lo que quieren es vender pero, ante todo, la ética empieza por nosotros mismos.

Yo defiendo la foto de Aylan, pero desde el punto de vista respetuoso, es decir, donde no se reconozca la cara del niño. En La Vaguardia tuvimos esa discusión y concluimos que era la imagen de nuestra portada siempre que se respetara la identidad del niño.

Sin embargo, no juzgo a los medios ni al fotógrafo que sacó la cara del menor porque ante tal envergadura del problema migratorio resultaba necesaria esta imagen.

¿Por qué no sacar la cara?

Para ser sincero es una cuestión de doble moral ¿por qué sacamos a un niño africano muriéndose y por qué no a un europeo? es un debate muy complejo de abordar. En 'La Vanguardia' creemos que este es un momento tan cruel y tan duro que pensamos que debemos respetar la intimidad de ese niño y de los demás inmigrantes que aparecen muertos en las costas mediterráneas.

En la exposición de CaixaForum presenta 50 retratos de figuras de diferentes áreas como la literatura, el periodismo, el arte y el espectáculo. Desde Pina Bausch hasta Ferran Adrià, por ejemplo. ¿Cómo fue el proceso de selección y cómo se acerca a quien va a retratar?

La selección fue muy difícil y fue parte de la labor del comisario. Partimos de unos 600 retratos, y reducirlos a 50 fue cruel.

Con algunos de los personajes que he retratado tuve procesos de trabajo largos y muy especiales. Es el caso de Antoni Tàpies o Salvador Dalí. Son los dos personajes que más me han influido. Sobre todo Dalí porque para poder conseguir entrar en su mundo tuve que pasar dos años continuos de trabajo diario solamente tratando de acceder al personaje. Sin duda, es la foto que más me ha costado y, desafortunadamente, la hice cuando ya él estaba muy mayor, me hubiese gustado haberlo conocido con toda su vitalidad. 

Con Antoni Tàpies la experiencia fue más emotiva porque le pedí que se dibujara esa cruz que tanto le persiguió en su obra y se la dibujó en su cara frente a un espejo de su madre. Esa es una de mis fotos emblemáticas.

Usted ha retratado momentos importantes en la historia de España. La política también ha estado presente en su trabajo. ¿Le gusta fotografiar ese entorno? ¿Le gustaría fotografiar a algún político en especial?

En esta exposición no están pero es verdad que, desde la democracia, he fotografiado a todo tipo de políticos de España. El mundo de la política me lo conozco bien, me resulta muy interesante pero hay que ser muy fuerte para trabajar con ellos, son toros fuertes que requieren una dosis de seguridad por parte de los periodistas. Ellos saben muy bien como llevarte a su terreno. Los políticos reconocen la importancia que tiene la imagen y siempre tratan de que los saques favorecidos.

Hay una persona que me haría mucha ilusión fotografiar: el presidente Barack Obama. Creo que es un político simpático. A Angela Merkel probablemente no le haría fotos, no porque no sea noticia, que lo es, pero Obama me transmite interés. 

Me gustaría tomar una cerveza con él y hablar tranquilamente. Mi sueño es subirme al Air Force One de la Casa Blanca y poder hacer un viaje relámpago, uno de esos que Obama suele hacer.

Entonces le gusta conectar con quien retrata. ¿Cómo profundiza psicológicamente cuando va a hacer un retrato? ¿Cuál es su estrategia?

Mi estrategia es el contacto. Yo siempre digo a mis estudiantes universitarios que el requisito indispensable es que se empapen, que se mojen y que vivan el reportaje junto al personaje. Cuánto más tiempo puedas pasar con una persona mejor partido vas a sacar de él.

Ya sé que el tiempo es lo que menos tenemos los periodistas pero un buen retrato no se saca en cinco minutos.

Por otro lado, es muy importante la seguridad. El periodista no debe ser dubitativo frente a un personaje, pero siempre hay que conservar una buena dosis de humildad.

Y te digo mi secreto más personal: no enseñar nunca la cámara hasta el momento de hacer la foto. Como fotoperiodista puedes ir fotografiando al personaje con la mirada, en una rueda de prensa o mientras habla, pero sólo saca la cámara cuándo estés seguro de que tienes la imagen que quieres.

¿Alguna vez le han impedido publicar una foto?

Te engañaría si te dijera que no porque son muchos años de carrera, pero no recuerdo un nombre preciso. Al respecto tengo que decir que cuando me hacen un encargo, fuera de lo que es estrictamente el trabajo periodístico, lo paso muy mal porque cuando la gente te paga quieren que los saques favorecidos y, a veces, resulta difícil porque la fotografía es muy cruel; no miente. La gran ventaja que me da el periódico es que nadie se ha quejado de mi trabajo porque es periodístico.

¿Cuál es su opinión sobre el Premio Nacional de Fotografía? Una compañera suya, Colita, lo rechazó en su momento. ¿Usted lo aceptaría?

Voy a ser muy cauto en esta opinión porque, además, soy presidente de un jurado de fotografía. Respeto mucho la opinión de los jurados al igual que respeto la posición de quien se niega a recibirlo, como Colita. Ya sabemos la polémica del ministro de Cultura de entonces (José Ignacio Wert) y entiendo la posición de Colita al rechazar el premio, pero yo no sé cómo hubiera reaccionado en ese momento. Es una decisión que se toma en caliente y cada cual reacciona de la manera que le surge.

Creo que yo sí aceptaría un premio nacional de fotografía porque debe de ser muy difícil decir no.

Su trabajo ha sido testimonio de la evolución de la sociedad catalana. ¿Qué retrato haría para describir a la actual?

Yo no pensaría en una imagen fragmentada como se dice. Esto de que la sociedad catalana está fragmentada es muy discutible. Yo creo que no es una sociedad dividida pero sí con pensamientos diferentes.

Si le tuviera que hacer un retrato de este momento en Cataluña sacaría a dos personas de espaldas -se podrá imaginar los nombres- con cara de enfadados y mirando cada uno para un lado distinto. Ese es el retrato de la situación a la que hemos llegado. Ha habido una falta tremenda de diálogo. No hay consenso ni ganas de dialogar y, como pasa hasta en una relación de pareja, llega el momento in extremis del divorcio. No deberíamos haber llegado a este punto, pero la clase política está en tal lío que no sabe por dónde salir.

A quién preferiría hacerle un retrato ¿a Mariano Rajoy, Artur Mas, Pedro Sánchez o Albert Rivera?

A dos de ellos ya los he retratado. De hecho, el retrato oficial de Artur Mas lo hice yo. Es una persona a la que le he hecho muchas entrevistas y con la que tengo una relación estrecha. Con Mariano Rajoy también he estado varias veces. No he tenido la oportunidad de retratar a Pedro Sánchez y Rivera me llama la atención porque lo veo como la savia nueva en la política. Es un personaje muy potente que creo que va a dar mucho de qué hablar en los próximos años, pero con esto no insinúo nada sobre el retrato de quien ocupe la Moncloa próximamente.

¿Le gustaría retratar a alguien del entorno latinoamericano?

La verdad es que conozco a muy poca gente latinoamericana. Me gustaría hacerle un retrato al ex presidente de Brasil, Lula da Silva; me parece un personaje interesante.

¿Usted cree que una foto pierde con el texto del periodista o, por el contrario, gana?

Ni pierde ni gana, pero sí que le defenderé que el buen retrato nos tiene que transmitir cosas que no pueda transmitir un texto. No creo que una imagen valga más que mil palabras pero estamos hablando desde el punto de vista periodístico, por lo tanto, creo que una buena foto debe ir acompañada de un buen texto.

De la historia de España ¿qué foto elegiría como la más representativa?

Es una pregunta muy difícil. Existen muchas imágenes icónicas, por ejemplo, las del golpe de Estado. Yo me quedo con las fotos de una época, las de la Transición, porque son las fotos que me han marcado en mi historia personal y laboral. Llegaba la democracia y, con ella, la ilusión.

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