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FIL Guadalajara: “Las literaturas locales necesitan encontrar a sus lectores”

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Guillermo Schavelzon dictará la conferencia magistral del XIV Foro Internacional de Editores y Profesionales del Libro de la FIL Guadalajara 

El mercado del libro en América Latina será el eje central de la reflexión del XIV Foro Internacional de Editores y Profesionales del Libro, que se llevará a cabo el 1 y 2 de diciembre como parte de las actividades de formación para profesionales de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En esta edición del foro se buscará profundizar en el análisis general de la industria editorial de la región para comprender su funcionamiento, así como las oportunidades de expansión hacia otros mercados. Guillermo Schavelzon, uno de los agentes literarios más importantes en lengua española, dictará la conferencia magistral de este encuentro, cuyas inscripciones se encuentran abiertas. 

Con una trayectoria de 30 años en los mercados editoriales de Argentina, México y España, Guillermo Schavelzon fundó su agencia literaria en 1998 en Buenos Aires, que trasladó a Barcelona en 2002. Fue editor y director de Alfaguara y de Ediciones El País, en Madrid; del grupo Planeta, en Argentina, y en México, de la Editorial Nueva Imagen. En 1986 fundó y dirigió el Centro de Promoción del Libro Mexicano. En su agencia representa escritores de ficción y no ficción, entre los que se encuentran: Paul Auster, Ernesto Sábato, Alberto Fuguet, Andrés Neuman, Elena Poniatowska, Iván Thays, Gioconda Belli, Martin Kohan, Alberto Manguel, por nombrar algunos. “Somos una agencia básicamente de escritores latinoamericanos, pero no por exclusión –hay algunas excepciones− sino por familiaridad, y por nuestro conocimiento del universo latinoamericano. Sólo conociéndolo se puede hacer este trabajo, y ese valor se aplica para difundir un autor en otros países e idiomas también”, explica Schavelzon. 

Se mudó a Europa y estableció su agencia en Barcelona hace tiempo. Desde su actual perspectiva, ¿cómo ha cambiado la participación latinoamericana en la industria editorial española? 

“Me mudé porque la agencia crecía en su actividad internacional, y aunque hace muchos años pensaba que el agente tenía que estar cerca geográficamente del autor, a medida que las nuevas tecnologías cambiaron las formas de comunicarse me di cuenta de que era mejor estar cerca de las editoriales. Tanto las que publican en español como en el resto de idiomas. Ahora estamos utilizando el Skype de manera constante, con los autores hablamos y nos vemos, sólo nos falta en estos casos, poder compartir un café.

“La concentración ha llevado a colapsar a los editores, que tradicionalmente estaban a cargo de diez o doce libros al año, y hoy tienen que cuidar 50 o más. Ya no pueden darle al autor el tiempo y la calidad de escucha que un escritor requiere. Los agentes cumplimos esa función, y proponemos a los editores obras ya preseleccionadas, pensadas para un catálogo específico, incluso ayudamos a construir la argumentación que el editor necesita para que se le apruebe una contratación. Esto permite dejar para la relación entre el autor y el editor, sólo lo mejor. Por eso las agencias no pueden ‘empresarizarse’, son organizaciones pequeñas, donde leemos todo lo que escriben nuestros autores y tenemos contacto permanente con ellos. Sólo en el mundo anglosajón hay agencias enormes, que representan a más de mil escritores. Es un saber que yo no desprecio, solo lo desconozco, no puedo imaginarlo siquiera”.

¿Cuál es la percepción que tiene del mercado editorial latinoamericano en el contexto mundial?

“Aunque todos compartimos la fórmula ‘latinoamericano’, yo no creo que sea correcta. Tenemos una lengua común, pero nosotros sabemos que es una verdad relativa, una lengua no es solamente las pautas de la Real Academia, es su uso, es sus silencios, sus gestos. Además, tenemos tradiciones literarias muy diferentes y sobre todo realidades sociales e históricas muy diferentes. Por eso sólo los best sellers anglosajones se venden por igual en todos los países, están escritos para eso. Pero las verdaderas literaturas locales necesitan encontrar a sus lectores. Si sumamos todos los países de América Latina, es un mercado muy importante, que requiere comprensión en sus ciclos de altibajos”. 

¿Cuáles son las perspectivas de crecimiento de este mercado y cuáles sus mayores limitantes para expandirse?

“Las perspectivas son excelentes. Cuando vemos un mercado explotado y saturado como fue el español [hasta hace unos años], vemos que no hay cómo crecer. En cambio, los países latinoamericanos van incorporando cada vez más sectores sociales a la lectura, y sobre todo tienen un nivel de crecimiento demográfico que en otras partes no existen. Los limitantes para expandirse tienen que ver con las estrategias de las empresas internacionales y con los planes educativos de cada país”.

Desde su punto de vista, ¿cuál es la importancia de la FIL como mercado editorial en América Latina?

“La FIL ha tenido un crecimiento y un desarrollo excepcional, se nota año con año, y con una organización que funciona, muy ejemplar. Es la única Feria que, siendo abierta al público, al mismo tiempo ofrece un entorno de trabajo profesional. Para mí tiene un secreto original: no está en la capital del país, por lo tanto todos los editores mexicanos vienen a la FIL sin tener que estar antes y después en su oficina, lo que implica una total disposición a trabajar. Lo mismo sucede con los autores”.

¿Cómo ha cambiado la figura del agente de derechos en las últimas décadas con las transformaciones en los soportes de lectura y la generación de contenidos?

“No ha cambiado demasiado, sólo que en lugar de pensar y hablar de manuscritos, ahora pensamos en ‘contenidos’, que es más claro conceptualmente. Los agentes trabajamos con contenidos, y los mismos son buscados por editores de papel, electrónicos, productores de cine, de televisión y varias aplicaciones de todo tipo. En el mundo del cine han descubierto que las mejores películas son las que están basadas en buenas novelas, el concepto de ‘guionista’ estilo años cuarenta casi ha desaparecido, salvo los que construyen historias que se explotarán por todo tipo de soporte y en todo tipo de lengua como Disney. Lo hacen así porque les cuesta menos, no porque sea mejor. Eso vale para el idioma español y para la edición en cualquier otro idioma y país. Nosotros trabajamos para el autor, para que de un mismo trabajo tenga la mayor cantidad de difusión y aprovechamientos posibles, es la única manera en la que un escritor puede llegar a vivir de lo que escribe. Antes todo escritor latinoamericano quería publicar en España, hoy el aporte del mercado español es poco significativo, no hay en los lectores una sensibilidad a la literatura latinoamericana, la historia del boom ya pasó hace varias generaciones, hay países donde creen que lo latinoamericano es sólo el realismo mágico, y cuando se encuentran con la literatura del narco, por poner un ejemplo, quedan desconcertados, sólo una minoría culta lo lee, es una realidad que desconocen y sobre todo, que no les interesa. A los pocos lectores cultos de todo el mundo, ‘el tema’, la historia que se cuenta, no les es primordial, en cambio el uso del lenguaje, la construcción literaria les atrae, lo que nos lleva al problema de la traducción, que a partir de la crisis de hace cinco años ha reducido sus tarifas a la mitad. Un traductor de calidad no puede darle más velocidad a su trabajo, y necesita encontrar otras cosas de qué vivir. Salvo excepciones, los autores latinoamericanos saben poco de la calidad de las traducciones de sus obras”.

¿Cuáles son los retos que enfrenta la industria editorial ante el cambio de formatos de lectura? 

“La lectura es siempre lectura, el soporte digital no es una amenaza sino una ampliación de las posibilidades de leer. El verdadero desafío excede a la industria editorial, porque quienes pueden crear lectores son solamente los estados por medio de sus sistemas educativos. El desafío es elegir políticos que tengan algún espíritu de grandes estadistas, que quieran construir algo que no podrán ver en su periodo de gobierno. Sé que hoy no puede haber un Vasconcelos, pero gente dispuesta a trabajar por su país en serio, alguna hay. Los ciudadanos, no sólo los del mundo del libro, debemos exigirlo. Este es el problema, no el soporte ni los nuevos formatos”.

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